La Tate Modern de Londres alberga la exposición Frida: la creación de un icono, una muestra que analiza cómo la pintora mexicana pasó de ser una artista poco conocida a un fenómeno de masas y un símbolo mundial. La periodista Natividad Pulido detalla en su crónica cómo la ciudad británica se ha rendido por completo a la «Fridamanía», extendiendo el homenaje más allá del museo con murales en las calles, instalaciones en Carnaby Street y pantallas gigantes en Piccadilly Circus. Incluso el chef Santiago Lastra, galardonado con una estrella Michelin, diseñó un menú especial inspirado en el universo y los cuadros de la creadora.
La exhibición, abierta hasta el 3 de enero, reúne una treintena de piezas originales de Kahlo, entre las que destacan autorretratos emblemáticos, vestidos tradicionales de tehuana, corsés y su bota ortopédica. Sin embargo, el enfoque principal de la propuesta radica en documentar su enorme impacto en la cultura contemporánea. Para ello, se incluye el trabajo de unos 80 artistas que reinventan su imagen, así como dos centenares de objetos de uso cotidiano que demuestran su transformación en una marca de consumo masivo.
El texto de Pulido resalta las múltiples facetas de una figura compleja que convive entre el mito y la realidad: la activista política, la mujer que plasmó su dolor físico tras un grave accidente, el referente de la comunidad LGTBI+, el motor del movimiento chicano y el indiscutible icono feminista. A pesar de que la comercialización y las distintas interpretaciones han simplificado su legado a lo largo de las décadas, la exposición demuestra que el espíritu transgresor de Frida Kahlo sigue conectando con personas de todas las edades, razas y géneros, confirmando que hoy en día cualquiera puede verse reflejado en su historia.






