Tras dieciocho meses de haber asumido la alcaldía, Javier Díaz encara uno de los desafíos más complejos y visibles de su gestión: el estado de la infraestructura urbana frente a los escurrimientos pluviales. La ciudadanía es consciente de que la actual administración recibió una ciudad con deficiencias estructurales acumuladas; el deterioro de las vialidades y la vulnerabilidad ante las lluvias no nacieron con este gobierno. Sin embargo, la responsabilidad del diseño de soluciones de gran magnitud recae plenamente en las autoridades vigentes.
El eje del debate actual se concentra en el Atlas de Riesgos, un documento técnico indispensable para la planeación y prevención metropolitana que fue encargado y confeccionado durante la gestión de José María Fraustro. Los recientes eventos climatológicos han puesto en tela de juicio la eficacia de este instrumento, el cual aparentemente ha resultado fallido en la práctica.
Ante este escenario, surgen interrogantes legítimas que la autoridad precedente debe esclarecer de cara a los saltillenses:
- ¿Qué consultora o institución fue la responsable de su elaboración?
- ¿Cuál fue el costo real de dicha inversión para el erario público?
- ¿Por qué fallaron las proyecciones y diagnósticos de un documento que debía anticipar y mitigar estas contingencias?
La falla en los instrumentos de planeación de la administración anterior obliga a la gestión actual a reconfigurar la estrategia de manera urgente. Con un año y medio de mandato transcurrido, la prioridad institucional debe centrarse en la viabilidad financiera para subsanar estas carencias. Queda por determinar si existe un fondo de emergencias dentro del presupuesto, o si se van a realizar modificaciones al actual para trabajar en consecuencia y redireccionar recursos hacia la infraestructura pluvial. La ciudadanía espera que el esfuerzo sea proporcional al tamaño del problema heredado.






