Todo esto lo hacen para dar a entender que la mujer que mata a sus tres hijos no es responsable de sus actos, sino una expresión algo extrema de lo que todas llevan dentro por culpa de la sociedad
El periodista y escritor Juan Soto Ivars analiza el crimen perpetrado por Lindsay Clancy, una mujer que estranguló a sus tres hijos pequeños utilizando una cinta de gimnasia tras enviar a su esposo a realizar unas compras fuera de casa. A pesar de que la autora del filicidio padecía problemas de salud mental, la tragedia ha desencadenado una corriente de apoyo y solidaridad en redes sociales hacia la agresora, situación que el autor califica como un fenómeno de sectarismo y justificación injustificable.
La reacción en redes y la dilución de la culpa
Soto Ivars señala que diversas publicaciones en plataformas como Instagram y TikTok han acumulado miles de interacciones disculpando el crimen. En estos contenidos, algunas usuarias responsabilizan al padre o a la presión de la sociedad patriarcal por los actos cometidos, argumentando que la falta de atención a la psicosis posparto disculpa la agresión. El autor denuncia que incluso se han difundido videos de madres maltratando o agitando a sus propios bebés bajo el lema «Same Lindsay», en un intento por presentar el asesinato como un extremo de las dificultades habituales de la crianza.
El valor de la responsabilidad maternal
Frente a la narrativa que justifica la violencia por el agotamiento o el estrés de la maternidad, el periodista contrapone el deber básico de cuidado y protección que los padres tienen hacia los hijos. Soto Ivars enfatiza que afrontar las dificultades de la crianza con amor y responsabilidad no convierte a los progenitores en héroes, sino en adultos que cumplen con su obligación mínima hacia seres indefensos.
La urgencia de proteger a los menores
El artículo concluye advirtiendo sobre una corriente cultural y legal que minusvalora el estatus del recién nacido, supeditándolo al de la madre y mostrando indulgencia ante el filicidio. Aunque reconoce que las madres requieren apoyo familiar e institucional, el autor sostiene que los niños pequeños representan el eslabón más vulnerable de la sociedad y exige reubicarlos en el centro de las políticas de protección.






