La reforma energética de Enrique Peña Nieto dio luz verde al fracking con los votos del PRI, el PAN y el Partido Verde. El riesgo para los acuíferos y el medio ambiente pasó a un segundo plano frente a las ganancias de las empresas mineras y de quienes aprovecharon las oportunidad para sacar astilla. Aunque la contrarreforma de Andrés Manuel López Obrador puso freno al negocio, la presidenta Claudia Sheinbaum hoy enfrenta una dura oposición al intentar reactivar la explotación de gas. El tema lo desglosa Gerardo Moyano en la edición 804 del bisemanario «Espacio 4».
«La palabra fracking desapareció durante meses del discurso oficial. En su lugar, Petróleos Mexicanos (Pemex) y el Gobierno federal hablaron de “yacimientos de baja permeabilidad”, “formaciones geológicas complejas” y “recursos no convencionales”. El rodeo semántico no pudo ocultar por mucho tiempo la realidad: México estudia reactivar a gran escala la fracturación hidráulica para extraer el gas atrapado en las rocas del norte del país.
»El giro es profundo. Claudia Sheinbaum llegó a la Presidencia después de comprometerse durante la campaña a no permitir esta práctica, en continuidad con López Obrador, quien la rechazó públicamente y en febrero de 2024 propuso prohibirla en la Constitución. La iniciativa no prosperó.
»Ahora, bajo el argumento de alcanzar la soberanía energética, la administración de Sheinbaum intenta demostrar que las nuevas tecnologías pueden volverlo “sustentable”. El propósito consiste en utilizar agua salada de formaciones profundas, reducir los productos tóxicos, reciclar buena parte del líquido y vigilar los acuíferos, el aire y el suelo.
»México pretende independizarse del gas estadounidense mediante una técnica que convirtió a Estados Unidos en el principal productor mundial del combustible, pero que también dejó una larga lista de daños ambientales, conflictos comunitarios y problemas de salud.
»El debate ya no es únicamente si el fracking contamina. La pregunta es si México dispone de agua, dinero, instituciones, tecnología y tiempo suficientes para desarrollar una industria competitiva sin reproducir los impactos registrados al otro lado de la frontera.
»El Plan Estratégico de Pemex 2025-2035 abrió formalmente la puerta. El documento plantea incrementar la producción nacional de gas y evaluar yacimientos de baja permeabilidad, cuya explotación comercial requiere perforaciones horizontales y fracturación hidráulica.
»México consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios de gas y compra en Estados Unidos cerca de tres cuartas partes del total. La dependencia alimenta industrias, plantas eléctricas y cadenas de producción enteras. Además, 93 % del combustible importado procede de formaciones no convencionales explotadas mediante fracking, de acuerdo con datos presentados por el comité gubernamental.
»El problema no es solamente comercial. Una interrupción de los gasoductos que cruzan la frontera podría afectar la generación eléctrica y a la industria. El antecedente más claro ocurrió en febrero de 2021, cuando una tormenta invernal en Texas redujo las exportaciones, disparó los precios y provocó apagones en México. (…).
»Sheinbaum defendió inicialmente que la tecnología actual es diferente de la utilizada hace dos décadas y puede emplear agua no potable y sustancias menos dañinas. En abril creó el comité científico sobre Soberanía energética y yacimientos de gas natural no convencional, coordinado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación e integrado por 54 especialistas de universidades e instituciones públicas.
»La misión parecía encaminada a encontrar la fórmula del fracking sustentable. Sin embargo, después de casi cuatro meses de deliberaciones, el primer dictamen impuso más límites que certezas. El comité colocó las prioridades en un orden distinto al promovido inicialmente por Pemex. Antes de explotar gas no convencional, recomendó acelerar la incorporación de energías renovables, mejorar la eficiencia energética, aumentar la producción en campos convencionales, evitar fugas de metano y reducir la quema de gas asociada a la extracción de petróleo.
»Después estableció un veto territorial: la cuenca Tampico-Misantla, localizada entre el norte de Veracruz y el sur de Tamaulipas, debe quedar fuera debido a su densidad demográfica, biodiversidad, disponibilidad de agua, presencia de comunidades indígenas y vulnerabilidad ambiental. La decisión elimina una región que concentra aproximadamente 20.7 billones de pies cúbicos de recursos prospectivos. Sheinbaum anunció que aceptará la recomendación “tal cual viene”. Las evaluaciones continuarán únicamente en Burgos —Tamaulipas, Nuevo León y parte de Coahuila— y Sabinas-Burro-Picachos, entre Coahuila y Nuevo León. Incluso allí, cualquier proyecto deberá superar una carrera de obstáculos».






