Para los partidos de oposición y los organismos empresariales de La Laguna, la megadeuda y el Metrobús parecen cosas del pasado. Temas de tal gravedad, que por su impacto económico y social demandarían posturas firmes, han sido ignorados o tratados de forma tangencial. Este material, que bien podría servir de combustible en el debate público y las plataformas electorales, se ha desperdiciado al mantenerse convenientemente fuera de las agendas políticas. Esta omisión colectiva no hace más que profundizar el letargo de la sociedad civil.
Entre las pocas voces críticas contra el Metrobús destacan las de Luis Fernando Salazar y el exdiputado Rodolfo Walss Aurioles. El primero ha calificado el proyecto como un «fraude monumental». Por su parte, Walss llevó la protesta a las calles al conducir un autobús rotulado con la leyenda «Fraudebús»; en los cristales intercaló signos de pesos con las fotografías de Rubén Moreira, Miguel Riquelme y Gerardo Berlanga —entonces secretario de Obras Públicas—, acompañadas por una exigencia explícita: «Exigimos cárcel a los responsables».
Previo a su arresto, el legislador había recorrido los paraderos y estaciones del Metrobús para documentar una infraestructura convertida en ruinas; los videos que difundió en redes sociales eran, desde su perspectiva, la prueba irrefutable del engaño. La protesta escaló cuando la policía, pasando por alto su investidura y fuero legislativo, lo esposó y lo subió a una patrulla, para liberarlo minutos después. Desde la tribuna del Congreso local, Walss no solo sostuvo sus acusaciones contra el transporte, sino que denunció la complicidad del Gobierno del estado con el moreirato para mantener en la impunidad la megadeuda de casi 40 mil millones de pesos.
El político lagunero abandonó las filas del PAN el 30 de junio de 2023, sin que la justicia diera señales de vida por el caso del Metrobús. Su carta de renuncia abre con un epígrafe del escritor Santiago Posteguillo: «El ansia de poder une las ambiciones más diversas». En el documento, Walss argumentó que la alianza con el PRI por la gubernatura de Coahuila motivó su salida, convirtiéndose a partir de ese momento en diputado independiente. Con esta sumisión al bloque oficialista, el panismo coahuilense perdió su última voz crítica; el costo de coligarse con su histórico rival por más de 70 años fue devastador: el partido perdió su registro legal en el estado al no alcanzar el 3 % de la votación en las elecciones legislativas.
El diputado Luis Fernando Salazar desmintió la versión de que el Metrobús Torreón-Matamoros se haya suspendido debido a su cancelación en Gómez Palacio y Lerdo; aclaró que, a diferencia de Coahuila, en el lado de Durango no existen obras abandonadas por la simple razón de que jamás iniciaron. El tema ha resurgido con fuerza y se perfila para formar parte de la agenda en las próximas campañas municipales. Si a esto se suma el expediente de la megadeuda, la oposición encabezada por Morena contará con argumentos sólidos para intentar sacudir el letargo del electorado lagunero.
Acaso para desactivar esa bomba de relojería política cuyo tictac nadie parece escuchar, el gobernador Manolo Jiménez ha anunciado que el Metrobús será sustituido por un nuevo esquema de modernización metropolitana. En tanto el plan avanza, la promesa que Enrique Peña Nieto dio por «cumplida» se grabó en el asfalto lagunero como un monumento a la venalidad; un sello de simulación que comparte el mismo ADN de grandes elefantes blancos de la historia reciente del país.






