Cuando Ricardo Mejía, subsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana, empezó sus giras por el estado y luego pidió licencia para promover la revocación de mandato de 2022, en respuesta boicot del gobierno de Miguel Riquelme, se dio por sentado que sería el candidato de Morena a la gubernatura. «El Tigre» no confirmó ni desmintió la especie, simplemente la dejó correr. Acompañó a secretarios de Estado en giras en las cuales no participaban las autoridades. Los fines de semana encabezaba mítines con organizaciones campesinas y obreras, y en Ciudad de México (CDMX) exploraba escenarios con políticos coahuilenses de alto perfil. El encargado de su agenda era Noé Garza, expresidente estatal del PRI.
La intención de voto registraba entonces un empate técnico entre el PRI y Morena. Pero cuando el partido de la 4T se decantó por el senador Armando Guadiana, quien previamente había perdido la alcaldía de Saltillo con José María Fraustro, se volvieron las tornas. El PRI y su candidato, Manolo Jiménez tomaron vuelo. El Tigre lanzó su primer rugido: renunció a la subsecretaria, acusó al líder morenista Mario Delgado de amañar las encuestas, se postuló por el Partido del Trabajo y desinfló a Morena. El presidente López Obrador, quien había calificado al lagunero como «uno de los mejores servidores públicos», lo negó: «Yo no tengo relación con Ricardo Mejía (…), aquí estaba con nosotros (los jueves, en cada mañanera) y se fue sin decir adiós (…), no quiero que se use mi nombre (en su campaña), porque no tengo relación con él. Así de claro», dijo en rueda de prensa.
Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de CDMX en ese momento, recriminó: «Todos estamos por un proyecto, no por un asunto personal (…). Aquí lo que hay no es solamente una falta de lealtad, una traición, sino además el uso de la imagen del presidente López Obrador. Claro que no es correcto. Todavía tiene tiempo de rectificar Ricardo Mejía y decir “me equivoqué”, todavía está a tiempo». (Infobae, 25.05.23). Más tarde, atribuiría la derrota de Guadiana a la división del PT y Morena. Mejía elevó la votación del PT al 13.3% (históricamente había fluctuado entre el 2 y 3%), ocho puntos por debajo de Guadiana. Por Jiménez sufragó casi el 57%.
Mejía, ahora diputado federal por el PT, difundió el 2 de junio un video por Facebook para denunciar que las elecciones judiciales en el estado habían sido una farsa. «La justicia en Coahuila sigue secuestrada por el PRI», acusó. Enseguida trazó la ruta «para el cambio». Lo primero es «sacar al PRI del Congreso en 2026 y del Gobierno en 2029». Esto último —dijo— podría ocurrir antes mediante la revocación de mandato, «por la que estamos luchando». Es la primera vez que se habla de someter al gobernador a un referéndum revocatorio. Mejía no abundó en el tema. Puede ser un bluf, pero no debe ignorarse.
La incógnita es si Morena, el PT y el Verde irán juntos por la gubernatura en 2029 y, en tal caso, quién será el candidato. ¿El líder magisterial Alfonso Cepeda, por su aparente cercanía con la presidenta Sheinbaum? ¿O Mejía, en caso de que Morena ceda la nominación al PT para mantener la alianza tripartita en las elecciones presidenciales de 2030? El senador Fernando Salazar, para no quedarse atrás, inaugura casas de gestión en las cabeceras distritales. El riesgo de que ninguno acepte ser sacrificado abre la posibilidad a un caballo negro, apoyado desde el centro, para evitar que el voto vuelva a dividirse. Sheinbaum, jefa de facto de Morena, tendrá la última palabra.






