Un príncipe de la Iglesia, un candidato presidencial, un líder político y un ex subprocurador general de la república encabezan la lista de las figuras asesinadas en México en los 32 últimos años. A ellas se suman un aspirante a gobernador y un exgobernador. El narcotráfico y las pugnas por el poder influyeron en todos los casos en mayor o menor grado. Decenas de alcaldes, aspirantes a cargos de elección popular y diputados han muerto también a causa de la violencia. La nómina incluye a periodistas, estudiantes, mandos militares, policías, defensores de los derechos humanos y activistas ambientales. Esta es una cronología de casos relevantes.
24 de mayo de 1993. El cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo es acribillado en el estacionamiento del aeropuerto de Guadalajara durante un enfrentamiento entre capos y sicarios. El Gobierno federal difundió la versión de que había sido víctima de fuego cruzado al ser confundido con el líder del cartel de Sinaloa, Joaquín «el Chapo» Guzmán. El informe del Servicio Médico Forense, a cargo de Mario Rivas Souza, reveló que Posadas recibió 14 disparos directos. El nuncio apostólico Girolamo Prigione, a quien el cardenal esperaba en la terminal aérea, vio el cuerpo en el anfiteatro de la Cruz Roja. En una declaración posterior dijo no haber visto en su vida «tanta sangre, nunca».
Entrevistado más tarde por el periodista Joaquín López Dóriga, Prigione se refirió a la visita de Ramón Arellano Félix —uno de los líderes del cartel de Tijuana— a la nunciatura, el 13 de diciembre de 1993, para deslindarse del magnicidio. Informado por el diplomático, el presidente lo citó en Los Pinos. También acudió el procurador Jorge Carpizo. «Fui allí y conté todo. Le dije a (Carlos) Salinas: ese señor está calmado, dígame lo que yo puedo hacer; si yo puedo ayudar en algo». Sin embargo, comentó, no hicieron nada para detener al narcotraficante (La Jornada, 21.04.17). La Iglesia tomó el caso como un crimen de Estado.
23 de marzo de 1994. Después de una campaña boicoteada desde el poder, de la ruptura en el Monumento a la Revolución, donde pidió «cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad», Luis Donaldo Colosio recibió un disparo en la cabeza y otro en el abdomen al término de un mitin en la colonia Lomas Taurinas, de Tijuana, mientras se abría paso entre una multitud. Días antes se había reunido con Andrés Manuel López Obrador. La teoría de «la acción concertada» se sustituyó al cabo por la del «asesino solitario» (Mario Aburto). «Fue un crimen de Estado», acusó AMLO en rueda de prensa del 12 de octubre de 2023.
En El asesinato de Luis Donaldo Colosio: Una radiografía de la Violencia Política, se lee: «(…) el Partido Revolucionario Institucional nació con el magnicidio de Álvaro Obregón, y empezó su declive en 1994, con el crimen de Luis Donaldo Colosio; creando una sociedad temerosa, en la cual se ha incrustado la idea de que sumergirse en la política significa un trabajo de riesgo, pues el candidato se predispone a los conflictos de intereses propios y ajenos; en donde ya no solamente se trata de asuntos ideológicos (…). Desde 1994, esta idea de la política (…) es una perspectiva de la violencia analizada desde un enfoque cultural (…), ya que nuestro país se ha construido a base de la dominación y las vejaciones». Octavio Paz —dice el texto— pedía a los mexicanos analizar sus orígenes para escudriñar un régimen que ejerce el poder mediante la dependencia y el terror, razón por la cual la violencia política tomó más fuerza con el paso del tiempo.






