El mercado Francisco I. Madero propuesto como terminal, no alcanza ni para el área de taquillas, menos para una terminal de tren, en una ciudad que explota demográfica y vehicularmente. La grandilocuencia del urbanista deja fuera factores importantes, ¿conveniencia, ineptitud o casualidad?
La propuesta de convertir el abandonado mercado Francisco I. Madero en una estación de tren de pasajeros en Saltillo es, sin duda, atractiva por su ubicación estratégica. Sin embargo, un análisis más profundo desde la perspectiva de la movilidad urbana revela que la idea podría ser inviable sin una evaluación completa de la infraestructura vial existente. La propuesta se centra en un punto que ya está saturado y podría colapsar si se le añade el flujo masivo de personas que se proyecta.
El urbanista Héctor Laredo, en su entrevista, se enfoca principalmente en la ubicación y en la capacidad del terreno, señalando que es un “espacio bastante mejor que el otro” y que la demolición permitiría construir la infraestructura necesaria. Pero se queda corto al ignorar un factor crucial: la capacidad de las vías de acceso. Las vialidades que confluyen en ese punto, como Francisco Coss, Presidente Cárdenas e Isidro López, ya operan cerca de su máximo de capacidad durante las horas pico.
El urbanista menciona la necesidad de mover a 10 mil personas diarias en dos horas, pero ese cálculo es incompleto. Las plantas industriales de Derramadero y Ramos Arizpe, a las que se hace referencia, operan con múltiples turnos, lo que significa que el flujo de pasajeros se daría en al menos tres picos de alta demanda al día. La zona simplemente no tiene la capacidad para recibir y dispersar a miles de personas de forma simultánea. Se habla de un par vial, pero no se considera el impacto real de la llegada de decenas de camiones en lapsos cortos de tiempo, lo que generaría un cuello de botella monumental en un área de la ciudad que ya tiene sus propios problemas de tráfico.
En la actualidad, las vialidades de Saltillo se han adaptado a un flujo constante de vehículos, pero el transporte masivo requiere una infraestructura completamente diferente, que minimice la interferencia con el tráfico local. La demolición del mercado es solo el primer paso, pero el verdadero desafío reside en cómo se manejará el flujo de personas y vehículos de forma eficiente y segura. De lo contrario, lo que podría ser un proyecto de éxito para la movilidad de pasajeros podría convertirse en un punto de colapso urbano.
Se necesita una visión más integral que abarque no solo la ubicación de la estación, sino también la reestructuración completa de las vías de acceso, la conectividad con otros modos de transporte y un plan de contingencia para la gestión del tráfico. La ubicación es importante, pero si las arterias que la alimentan están enfermas, el corazón del proyecto no podrá latir.






