En tiempos de la «presidencia imperial», la cual, por ser monárquica, no era democrática, la república —representada por diputados, senadores, gobernadores y por los poderes fácticos— acudía cada 1 de septiembre a Palacio Nacional para postrarse ante el soberano. Esa ceremonia anacrónica y abyecta era conocida como el besamanos. La democracia, que se abrió paso a empellones, suprimió la asistencia del presidente a la apertura de sesiones del Congreso de la Unión y la pasarela interminable de políticos, banqueros, empresarios y jerarcas de las iglesias por la sede del poder federal, así como las comilonas y festejos de la élite gobernante y sus adláteres que se sucedían mientras el país miraba desde las galerías.
El cambio real, que en las alternancias entre el PRI y el PAN fue simulacro, llegó cuando Morena ascendió al poder. La presidenta Claudia Sheinbaum, como antes lo había hecho Andrés Manuel López Obrador, lleva su informe a las plazas de las 32 capitales estatales del país. Las primeras filas no son ya para la clase política, la oligarquía nacional, los dueños de los grandes medios de comunicación y los «representantes populares» (legisladores), como ocurría en el periodo neoliberal, sino para quien los nombró: el pueblo, cuyo término provoca urticaria entre los biempensantes.
Los informes dan pábulo al debate mediático, cuya influencia, por sesgada, tiene cada vez menos peso entre las mayorías. Cada quien ve en los informes el país que quiere ver. Para los adversarios de siempre y quienes esperan que la presidenta rompa de una vez por todas con su antecesor y encauce a figuras de la 4T, el mensaje de la presidenta Sheinbaum fue de bostezo; «no hay resultados», afirman. Para los fieles, el informe reflejó la nueva realidad de México. La aproximación a la realidad la brinda solo la revisión de datos —la aceptación de aciertos y errores— y su contraste con el pasado inmediato. Pero ese juicio, por no convenir a las oposiciones, se omite.
En el programa Tercer Grado del 2 de septiembre pasado, donde la relación de panelistas hombres y mujeres es de 2 a 1, Viri Ríos replicó a Leopoldo Gómez, René Delgado, Leo Zuckerman y Raymundo Riva Palacio: «En esta mesa se ha dicho que el mensaje (presidencial) fue aburrido, que dijo mentiras y que no dijo nada. Me parece que ese es uno de los principales problemas del análisis político de este país: estamos dejando de escuchar y de entender lo que está haciendo la coalición gobernante, y eso no nos permite verdaderamente (…) comprender al electorado, al votante, y por qué este país refrenda su apoyo a Morena en una y otra encuesta».
La Joven Líder Global 2020 por el Foro Económico Mundial, cuya participación en Tercer Grado, junto con Denisse Maerker, enriquece la deliberación, refutó con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), verificados por ella, a quienes, también en ejercicio de su libertad, ven el lado oscuro de las cosas: «Primero, los programas sociales llegan ya a 42 millones de mexicanos (…), el salario mínimo aumentó en términos reales 17 %. (…)». Desde que Sheinbaum empezó a gobernar —dijo— cerca de cuatro millones de personas han dejado la pobreza laboral. «A este paso en su sexenio va a volver a sacar a 13 millones de personas de la pobreza. [Asimismo, hubo] una reducción de 51 % en el promedio de homicidios».
También destacó la reestructura de «créditos impagables que han cambiado la vida a miles de personas que tenían créditos con el Infonavit, así como la construcción de hospitales, unidades médicas, «hay una ley de aguas que es transformadora». Cuando Delgado quiso saber «¿A dónde vamos?», la respuesta de Ríos fue igualmente tajante: «A que Sheinbaum está dando resultados, a que nos guste o no, su informe está lleno de datos que están transformando la vida de millones de personas». Lo que el neoliberalismo derechista no hizo en casi cuatro décadas se empieza a lograr en menos de una. Todavía falta bastante por hacer, pero por algo, que no es poco, ha empezado la izquierda.






