A tres meses de iniciar el proceso para las elecciones federales y locales del año próximo, las oposiciones y los grupos de presión no tienen una estrategia definida ni muestran el activismo que en 2021, cuando el PRI, PAN y PRD se unieron, por primera vez, bajo el paraguas de la coalición «Va por México» para afrontar a Morena. Pese a los errores y fracasos electorales subsecuentes, las siglas volvieron a unirse en 2024 para contender por la presidencia, esta vez como «Fuerza y Corazón por México». El resultado fue aún peor, pues no solo no pudieron contener a la izquierda, sino que la votación por Morena-PT-Verde aumentó 20 % con respecto a 2018, lo que marcó el fin de la alianza opositora.
La única coalición confirmada para los comicios de 2027 es la oficialista. El PAN decidió participar solo, como una forma de «recuperar identidad». Lo mismo hará Movimiento Ciudadano, tercera fuerza política nacional. En esa tesitura, el PRI quedará expuesto. Sin liderazgo, sin aliados y con una votación y una militancia en barrena, corre el riesgo de perder su registro como el PRD. Uno de los principales problemas del partido más longevo del país, o acaso el mayor, es su dirigencia espuria. Alejandro Moreno y sus porros han llevado al PRI a un callejón sin salida. Tiene solo una gubernatura, otra en alianza con el PAN y su representación en el Congreso y en el Senado es la más baja de su historia.
Los adversarios del régimen han probado todo para debilitar a Andrés Manuel López Obrador y a su sucesora en la presidencia y en la jefatura de Morena, Claudia Sheinbaum, y regresar al modelo anterior de privilegios. Sin embargo, las campañas de miedo y desinformación, los escenarios apocalípticos, las alianzas partidistas y las embestidas mediáticas contra la 4T no han funcionado por ahora. Los Gobiernos de Morena adolecen de las mismas fallas que los del PRI y el PAN, pero a la vista de la mayoría son más creíbles y tienen mayor respaldo popular por haber reducido la pobreza, acortado la brecha salarial y separado el poder político del económico.
El trabajo de socavar al Gobierno federal y generar malestar social para restarle votos a Morena y sumárselos a las oposiciones lo hacen ahora agencias de Estados Unidos. La Casa Blanca aplica la misma estrategia tanto en América como en Europa: apoya a candidatos de ultraderecha afines al presidente Donald Trump y amenaza con castigar a los países que opten por líderes progresistas. La presidenta Sheinbaum ha advertido sobre los riesgos de que Washington se inmiscuya en las elecciones. «No es que llegan a decir,
a ver, yo, con todo el respeto, te voy a ayudar». La historia de las agencias de Estados Unidos alrededor del mundo es distinta —declaró en la rueda de prensa del 20 de mayo— «(…) llegan a apoderarse de la casa, a decir: “bueno, ahora yo mando (…) te voy a decir: a ver, tú para acá, tú para allá».
Uno de los temas a los que México es más sensible —por experiencia histórica— es a la injerencia de Estados Unidos. En vez de esperar que la presión de Trump les favorezca, los partidos de oposición y los grupos de interés deben presentar propuestas alternativas, no volver al pasado. Para ganar elecciones necesitan formar nuevos cuadros, candidatos creíbles y acercarse a la población, no gravitar en la órbita de las élites. Pedir la intervención de Estados Unidos para combatir al narcotráfico, cosa que los Gobiernos del PRI y el PAN no hicieron, equivale a vender el alma al diablo. De persistir en esa conducta, el castigo en las urnas podría ser incluso mayor que las últimas elecciones.






