El motor de cohete ‘aerospike’ fue diseñado de forma autónoma por un ingeniero no humano, una inteligencia artificial que contiene el conocimiento y experiencia de ingenieros aeroespaciales
Un solo ingeniero ha logrado diseñar, fabricar y probar con éxito uno de los motores de cohete más difíciles de la industria aeroespacial: un propulsor ‘aerospike’ criogénico capaz de generar 5.000 newtons de empuje. Al contrario que los expertos de la NASA—que tardaron años en diseñar, fabricar y probar el aerospike lineal XRS-2200 para el hoy desaparecido programa de avión espacial suborbital X-33 en la década de los noventa—este ingeniero solitario ha tardado apenas unos minutos. Y, por si esto ya no fuera lo suficientemente impresionante, el ingeniero no es humano, sino un sistema de inteligencia artificial de la empresa Leap 71 llamado Noyron, del que ya hablamos a finales del año pasado.
El diseño aerospike ha fascinado a los científicos de cohetes durante décadas. Es un motor que ofrece una mayor eficiencia a diversas altitudes. A diferencia de una tobera de campana convencional, el aerospike canaliza el gas de escape supersónico a lo largo de una espiga central, cuyo contorno externo se adapta con más precisión a los cambios de presión atmosférica. Esa mejora ofrece un rendimiento superior durante el ascenso de la nave, desde el nivel del mar hasta el vacío.