Javier Díaz tiene la oportunidad de mejorar sustancialmente la feria de Saltillo promoviendo a gente calificada para mejorar esta fiesta popular, con una buena selección de personas que busquen el mismo interés: desarrollar más a Saltillo en todos los aspectos, incluyendo la feria.
La reciente inauguración de la Feria de Torreón 2025 ha vuelto a poner de manifiesto la enorme diferencia que existe en la organización de este tipo de eventos populares dentro del propio estado. Mientras que en La Laguna se celebra una feria de primer nivel, en la capital, Saltillo, el espectáculo se queda a la sombra, dejando a sus habitantes con un sabor agridulce.
El éxito de la Feria de Torreón no es casualidad. Responde a una planeación meticulosa y a la participación de empresarios y organizadores que entienden la importancia de ofrecer un verdadero espectáculo familiar. La feria se distingue por sus instalaciones amplias y limpias, con fácil acceso y un estacionamiento eficiente, elementos que demuestran una inversión real en la experiencia del visitante. A diferencia de otros eventos, aquí no se escatiman gastos para garantizar la seguridad, la limpieza y una variada oferta de entretenimiento que va más allá de los juegos mecánicos. Este enfoque profesional genera rentabilidad y asegura que la feria crezca y se supere año con año.
Por el contrario, la feria de Saltillo ha caído en un ciclo de mediocridad. La sensación general es que la organización está a cargo de grupos que, más que buscar crear una experiencia memorable, persiguen la ganancia rápida y a bajo costo. Esto se refleja en la poca variedad y la falta de originalidad en su oferta. Las instalaciones a menudo no son las mejores y la falta de inversión es evidente en cada rincón. La capital del estado, con la importancia que merece, no debería conformarse con eventos que dejan mucho que desear.
Es momento de que los organizadores de la feria en Saltillo miren hacia el oeste, a tan solo dos horas y media de distancia. La Feria de Torreón es un ejemplo palpable de cómo se deben hacer las cosas. Es una lección de cómo la visión, el compromiso y la inversión en un evento pueden transformarlo de un simple evento de temporada a una tradición que beneficia a la comunidad, genera derrama económica y, sobre todo, ofrece a las familias una experiencia digna de su tiempo y dinero. Saltillo merece una feria que esté a la altura de su estatus como capital de Coahuila.






