En menos de una década, la participación de las mujeres pasó de la marginalidad virtual al centro de la política nacional. En 2017, la única gobernadora del país era Claudia Pavlovich; hoy son más de una docena —la mayoría de Morena— y encabezan las entidades más pobladas y con mayor peso político. En 2024, México eligió a su primera presidenta, Claudia Sheinbaum, destacada internacionalmente por su liderazgo. Asimismo, el Congreso y el Senado son paritarios; por primera vez, las mujeres presiden también, de manera simultáneamente, los organismos constitucionales autónomos: el Banco de México, el Instituto Nacional Electoral, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y Fiscalía General de la República.
Las «Juanitas», una de las expresiones más cínicas y abusivas del sistema patriarcal, pasaron a la historia. Una reforma constitucional puso por fin coto a la simulación de paridad de género que permitía a los partidos postular fórmulas mixtas para que, una vez pasados los comicios, las mujeres que habían ganado escaños en las Cámaras de Diputados y Senadores los cedieran de inmediato sus suplentes varones. La figura de «Juanitas» existió porque las mujeres se prestaron al juego del poder manejado por los hombres, aunque muchas de ellas actuaron así bajo presión y violencia política de género.
Hoy que se debate el reemplazo del exalcalde de Torreón, Román Alberto Cepeda González, fallecido a causa de una enfermedad, conviene tomar en cuenta a una mujer. Pero no como una pantalla de los grupos políticos en pugna —siempre encabezados por hombres—, sino como alguien que garantice la continuidad de un modelo de gobierno eficaz. Se necesita a alguien que concluya la obra en proceso —pocas veces vista en una ciudad que adolece de abandono secular de parte de la capital—, aplaque conciencias y espante a los buitres.
El dilema podría resolverlo la señora Selina Bremer: una mujer inteligente y discreta, a quien no he tratado. Pensar en la posibilidad de terminar la gestión de su esposo es lo que menos debe cruzar por su mente en estos momentos de dolor. Sin embargo, el sacrificio valdría la pena, pues honraría la memoria de su compañero de vida. Con esa motivación y con un equipo eficiente y confiable a su lado, la tarea sería menos pesada. Y si no es ella a quien se nombre, podría ser uno de sus hijos.
Los proyectos de gobierno se realizan con recursos del erario, pero su concepción depende de la visión de quien los impulse y lleve a cabo. La obra más importante de la segunda administración cepedista finalizará en los próximos meses. ¿Qué mejor que sea su esposa o uno de sus hijos quien la entregue?
La idea es despolitizar el relevo. Aunque parezca un despropósito, no lo es. El vacío por la trágica muerte del candidato al gobierno de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, el PRI lo cubrió con su hermano Egidio. En Guerrero, Evelyn Salgado, de Morena, ocupó el lugar de su padre, Félix Salgado Macedonio, cuando el Instituto Nacional Electoral (INE) le canceló la candidatura por irregularidades en su informe financiero de precampaña. En Uruapan, Michoacán, el Congreso designó a Grecia Quiroz García en sustitución de su esposo Carlos Manzo (alcalde independiente).
Las circunstancias son distintas, pero el fondo es el mismo: un acto de justicia, que al margen de las pugnas partidistas, fue percibido por muchos como una respuesta de unidad. En Torreón, un relevo con esas características uniría a la ciudad, enaltecería a quienes tomen la decisión y ahorraría conflictos innecesarios.






