Hechizar: magia mística que busca someter la voluntad o transformar algo. Convirtiendo obreros en borregos (para su sacrificio)
El escenario de sucesión en la Confederación de Trabajadores de México (CTM) ha colocado a Tereso Medina Ramírez en una vitrina donde sus contradicciones son más visibles que sus aciertos. Mientras el líder coahuilense levanta la mano para suceder a Carlos Aceves del Olmo, su discurso y sus recientes movimientos políticos sugieren más una estrategia de supervivencia personal que un proyecto de renovación sindical genuino.
Su mensaje de acabar con el corporativismo se contrapone con la propuesta de elecciones indirectas para el comité nacional es decir no con el voto de todos los agremiados sino a través de delegados.
Resulta, por decir lo menos, irónico que Medina haya proclamado recientemente que la «libertad electoral será absoluta» entre sus agremiados. Esta declaración no solo suena a un pragmático intento de congraciarse con el nuevo régimen para evitar la persecución, sino que representa una traición ideológica a su propio origen.
Tereso es un producto purista del sistema de Fidel Velázquez; gracias a la estructura del finado caudillo obtuvo becas, formación y ascenso. Renegar del control corporativo que cimentó su carrera es un acto de que es preciso que algo cambie para que todo siga igual: cambiar el discurso para que el privilegio permanezca intacto.
Su visión de la historia cetemista es igualmente selectiva y excluyente. Medina ha manifestado un desprecio sistemático por la memoria de quienes transitaron en la dirigencia entre Velázquez y Aceves del Olmo (López Dóriga). Al reconocer únicamente a estos dos polos, borra de tajo periodos que, para bien o para mal, dieron continuidad a la central.
Esta actitud no es solo una falta de cortesía política, sino una señal de soberbia que difícilmente podrá amalgamar las distintas corrientes nacionales de la CTM.
A esto se suma una realidad operativa que lo descalifica como la «mejor alternativa». Su gestión en Coahuila enfrenta hoy su mayor prueba de debilidad: la pérdida masiva de casi 1,900 empleos en General Motors Ramos Arizpe. Si un líder no puede garantizar la estabilidad en su propio bastión, ¿con qué autoridad moral pretende tutelar los intereses de millones de trabajadores en el país? Tereso Medina parece hoy más un equilibrista del poder, atrapado entre su deuda con el pasado fidelista y su sumisión al presente oficialista, dejando en la orfandad a la base trabajadora que dice representar.
Su trayectoria, que combina cargos legislativos (Diputado y Senador) con el liderazgo sindical, es vista por sus detractores como una forma de servirse del PRI y del sistema político para mantener un control hegemónico.
Medios locales han señalado la disparidad entre los salarios de los obreros que representa y su estilo de vida, mencionando la posesión de múltiples propiedades y vehículos de lujo.
Medina ha mantenido una confrontación abierta con la CATEM (dirigida por Pedro Haces), a quienes ha acusado de «narcosindicalismo» y extorsión. Sin embargo, sus críticos sugieren que este enfrentamiento es más una lucha de poder por el control de contratos en sectores clave que una defensa genuina de los derechos laborales.






