En su columna de opinión, Enrique Abasolo sostiene que la corrupción en México no se combate únicamente con la llegada al poder de personas o movimientos que se proclaman honestos, sino mediante instituciones sólidas, mecanismos de vigilancia y leyes que garanticen la transparencia y la rendición de cuentas.
El autor cuestiona la idea de que un partido político o un gobernante puedan garantizar por sí mismos la honestidad en la vida pública. Considera que cualquier funcionario puede incurrir en actos ilícitos si no existen controles efectivos para prevenirlos, detectarlos y sancionarlos.
Sobre el caso de Guadalupe Taddei, exconsejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), señala que las presuntas irregularidades en adjudicaciones y contratos evidencian fallas en los mecanismos de supervisión. Afirma que los sistemas de control interno debieron detectar posibles conflictos de interés antes de que se concretaran las operaciones cuestionadas.
Abasolo identifica como uno de los problemas centrales el debilitamiento del carácter colegiado del INE y la concentración de facultades para realizar nombramientos. A su juicio, la eliminación de contrapesos favorece las decisiones discrecionales y reduce las garantías de imparcialidad institucional.
También interpreta las reacciones del gobierno federal ante el escándalo como una señal de distanciamiento político respecto de Taddei. Sin embargo, considera poco convincente la hipótesis de que el caso responda a una estrategia para debilitar al árbitro electoral antes de las elecciones de 2027.
Como conclusión, el columnista advierte que el problema de fondo es la concentración del poder y la reducción de los mecanismos de transparencia. Sostiene que las instituciones necesitan controles efectivos, independientemente de quién las encabece, para evitar que las decisiones públicas queden sujetas a los intereses del gobierno en turno.






