En su segundo año de mandato, la presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado que su liderazgo va más allá de ser una mera continuación de la era de Andrés Manuel López Obrador. El artículo de Beatriz Guillén, publicado en El País, ofrece un análisis perspicaz y bien fundamentado de esta transición. La autora argumenta que, si bien Sheinbaum mantiene una lealtad al movimiento de la Cuarta Transformación, está forjando su propio camino, distanciándose de su predecesor en áreas clave como la seguridad y el manejo presupuestal.
Guillén destaca cómo Sheinbaum ha logrado resolver una de las herencias más complejas de López Obrador: la reforma judicial. Este logro, junto con la presentación de sus primeros presupuestos propios, marca un punto de inflexión que le otorga mayor autonomía política. La autora también subraya la popularidad de la presidenta, que con un 79% de aprobación supera a la de su mentor en el mismo período, lo que le confiere un sólido capital político para implementar sus propias estrategias. Este dato, respaldado por una encuesta de Enkoll, añade credibilidad a la tesis central del artículo.
Uno de los puntos más importantes que Guillén aborda es el cambio en la estrategia de seguridad. La autora contrasta la famosa política de “abrazos y no balazos” de López Obrador con el enfoque más pragmático y “balazos” de Sheinbaum. El nombramiento de Omar García Harfuch como “zar de seguridad” y la implementación de una estrategia de inteligencia e investigación que incluye una fuerte presencia militarizada, como se vio en Sinaloa, evidencian este giro. Guillén sugiere que este cambio no solo responde a las presiones externas, como la postura de Donald Trump, sino también a las demandas internas de una población cansada de la violencia. La autora reconoce que es pronto para evaluar los resultados, pero el descenso del 25% en los homicidios desde septiembre de 2024 hasta junio de 2025, es un dato que Sheinbaum y su gabinete han destacado como un indicio de que la nueva estrategia está funcionando.
A pesar de las diferencias, Guillén también resalta la continuidad entre ambos mandatos. El artículo explica que Sheinbaum ha mantenido y ampliado los programas sociales, una de las bases de la política de López Obrador. La autora cita las palabras de la presidenta, que ha calificado la ampliación de estos programas como el plan social más ambicioso de la historia de México, mostrando su compromiso con la reducción de la pobreza y el bienestar de la población.
En conclusión, el análisis de Guillén es completo y equilibrado. Muestra cómo Sheinbaum está evolucionando de ser la heredera de un movimiento a la líder de su propio sexenio. La autora utiliza datos, opiniones de analistas y hechos concretos para construir un argumento sólido sobre la consolidación del poder de Sheinbaum y el inicio de una nueva etapa política en México, caracterizada por la “continuidad con cambios”.






