El tema lo traté en otra ocasión, pero vale la pena recordarlo. En una entrevista con Manuel Camacho Solís, para Espacio 4, comenté que una de las debilidades de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) era su escaso o nulo roce con el mundo. El coordinador de la alianza de izquierdas de la campaña de 2012 y fugaz canciller en el último tramo del Gobierno de Carlos Salinas de Gortari, aceptó el argumento, pero le restó importancia. «Marcelo (Ebrard) le ayudará mucho». No se equivocó. AMLO esperó seis años más para alcanzar la presidencia, y Ebrard, a quien nombró canciller, hizo llevadera la relación con Donald Trump.
AMLO mantuvo la distancia con el mundo durante su mandato. La primera gira internacional la cumplió casi dos años después de asumir el cargo. En julio de 2020 se reunió con Trump en Washington. En noviembre de 2021 asistió a la cumbre de Líderes de América del Norte junto con Joe Biden y Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, celebrada en la capital de Estados Unidos. En 2022 se entrevistó de nuevo con Biden, en la Casa Blanca. La última salida fue a San Francisco, California, con motivo de la Junta de Jefes de Estado y de Gobierno de la APEC. También viajó a Guatemala, San Salvador, Honduras, Belice, Cuba, Colombia y Chile. En 2024 no realizó ninguna visita oficial.
Con las espaldas en el exterior cubiertas por Ebrard, AMLO dedicó su tiempo a llevar a cabo el cambio de régimen, anunciado el primer día de su Gobierno, mediante la Cuarta Transformación (4T). Una vez afianzadas las bases del proyecto, y con la oligarquía y los grupos de presión a raya, Claudia Sheinbaum puede salir al mundo como una presidenta fuerte, legitimada y con mayoría en el Congreso y en los estados. Sheinbaum ha participado ya en tres cumbres: la de Líderes del G20, en Río de Janeiro, Brasil; la de la Comunidad de Estados Latinoamericanos (CELAM), en Tegucigalpa; y la del G7, en Alberta, Canadá.
El cara a cara más esperado y el que más atrae la atención es el que celebre con Trump, para el cual aún no hay fecha. Hombre espectáculo y bully, el presidente de Estados Unidos acorrala a sus interlocutores cual presas. El 28 de febrero pasado humilló al líder ucraniano Volodímir Zelenski durante una reunión en Despacho Oval transmitida en directo. Quizá por lo mismo Sheinbaum declinó la invitación de Trump para visitarlo después de la Cumbre del G7. El republicano ha criticado a la presidenta, pero también ha reconocido su liderazgo y la colaboración de su Gobierno en temas estratégicos (narcotráfico, migración y seguridad fronteriza). México ha conseguido reducciones arancelarias y en el impuesto a las remesas, plazos para cumplir
con el Tratado de Aguas de 1944 y concesiones que otros países no han conseguido.
Sheinbaum ha logrado reconocimiento internacional en poco tiempo. Time no le dedica todavía una portada como Peña Nieto, quien devino en el presidente más impopular de México, pero ya la incluyó entre las 100 personas más influyentes del mundo de 2025 en la categoría de Líderes. En la nómina de políticos figuran los presidentes Trump, Javier Milei (Argentina) y Corina Machado, opositora de Nicolás Maduro. «La notoriedad de Sheinbaum fuera de México coincide con la popularidad que ha alcanzado en el país. Un 82% de los mexicanos aprueba su gestión, de acuerdo con una encuesta de Enkoll, El País y W Radio en marzo de 2025. (…) un 67%, considera que la situación del país ha mejorado desde la llegada de Sheinbaum al poder…». (Sara González, El País, 16.04.25).






