A sus 81 años, Sebastião Salgado reflexiona sobre su intensa trayectoria como fotógrafo documental, habiendo recorrido más de 130 países y enfrentando condiciones extremas en conflictos, desastres naturales y crisis humanitarias. Su experiencia en Ruanda y la ex Yugoslavia lo llevó a un punto de quietud, alejándose de la fotografía por sentirse avergonzado de la violencia humana. Sin embargo, encontró en la naturaleza un camino de sanación, reforestando junto a su esposa la tierra erosionada que heredaron en Brasil, lo que dio origen al Instituto Terra, con más de 3.4 millones de árboles plantados.
Salgado se encuentra en la Ciudad de México para inaugurar la exposición Amazônia en el Museo Nacional de Antropología, tras presentarse en varias ciudades del mundo. Considera la selva amazónica un paraíso amenazado por la explotación capitalista, advirtiendo que la destrucción del planeta pone en riesgo la supervivencia humana. Aunque tiene una visión pesimista sobre la humanidad, cree en la capacidad de regeneración del planeta.
Pese a los rumores sobre su retiro, Salgado sigue fotografiando y organizando exposiciones con su vasto archivo. Recientemente finalizó un proyecto sobre París y prepara muestras en Los Ángeles y Burdeos. Fiel a su estilo en blanco y negro, ha buscado siempre retratar la dignidad de las personas, especialmente en los sectores más vulnerables, alejándose de los estereotipos de belleza convencionales. Para él, la fotografía sigue siendo una herramienta para documentar y dar voz a quienes más lo necesitan.