El periodista Carlos Matallanas reflexiona sobre la transformación de la Copa del Mundo, argumentando que el torneo ha dejado de ser un rito de paso generacional para convertirse en un producto comercial masivo. El autor recuerda cómo los campeonatos de épocas pasadas, desde Mexico 70 las ediciones celebradas en territorio mexicano, se entrelazaban con la memoria colectiva y las vivencias familiares. Sin embargo, sostiene que la actual edición de 2026 refleja un distanciamiento emocional debido a las decisiones logísticas y comerciales que priorizan los beneficios económicos sobre la pasión deportiva.
De acuerdo con el texto firmado, la expansión de la competencia a un formato de 48 selecciones representa una saturación que diluye la calidad y el interés del certamen. Matallanas califica este incremento como una medida desproporcionada de la FIFA que añade enfrentamientos de menor nivel técnico, lo que aleja a los aficionados tradicionales de la fase de grupos. Asimismo, critica que el campeonato se desarrolle en un territorio tan vasto que impide a las hinchadas internacionales replicar el ambiente y la calidez que caracterizaban a los mundiales del pasado.
El análisis resalta la inconformidad respecto a la distribución de los encuentros, señalando que la participación de México en la organización se reduce a un porcentaje mínimo de la justa, culminando su actividad principal en la fase de octavos de final dentro del Estadio Azteca. El columnista concluye que el grueso del certamen se traslada a un entorno enfocado en el espectáculo comercial y carente de la tradición futbolística arraigada en Latinoamérica, dejando la viabilidad del torneo a expensas de que el desempeño deportivo de las grandes figuras internacionales logre rescatar la mística del balompié.






