El uso de antibióticos es esencial para combatir infecciones bacterianas, pero uno de sus efectos secundarios más comunes es el malestar gastrointestinal. Este puede manifestarse en forma de náuseas, diarrea, distensión abdominal, gases o dolor abdominal. La causa principal de estas molestias es que los antibióticos, además de eliminar bacterias patógenas, afectan también la microbiota intestinal, es decir, las bacterias beneficiosas que ayudan en la digestión y protección del sistema digestivo. Así lo explica Javier Solera Rallo, especialista en Medicina Interna en el Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid.
La microbiota es crucial para la digestión, absorción de nutrientes y protección contra microorganismos dañinos. Cuando los antibióticos alteran este equilibrio, el sistema digestivo pierde temporalmente parte de su capacidad para funcionar correctamente. Sin embargo, Solera Rallo señala que aunque los síntomas son molestos, generalmente no son graves y desaparecen una vez finalizado el tratamiento.
Si bien estos síntomas son comunes, no es recomendable suspender el tratamiento sin consultar con un médico, ya que hacerlo podría favorecer la aparición de resistencias bacterianas. El médico puede sugerir alternativas como cambiar el antibiótico o ajustar la dosis.
Para aliviar los síntomas, se recomienda tomar los antibióticos junto con las comidas, mantenerse hidratado y evitar alimentos irritantes como los grasos o picantes. Aunque el uso de probióticos y yogures puede ayudar a restaurar el equilibrio de la microbiota, no se debe recurrir a ellos sin el consejo de un profesional de la salud.
En resumen, aunque los antibióticos pueden afectar el sistema digestivo, existen maneras de mitigar sus efectos sin comprometer la efectividad del tratamiento.