El Kremlin ha emitido una dura advertencia a Washington por el posible plan de enviar misiles de crucero Tomahawk a Ucrania. La agencia de noticias estatal RIA citó fuentes gubernamentales indicando que la respuesta de Rusia sería «dura y asimétrica» si se confirma el despliegue. Estos misiles son considerados una «auténtico dolor de cabeza» para Moscú, ya que aumentarían significativamente el alcance balístico de Ucrania, permitiendo golpear posiciones rusas en el Ártico y los Urales.
El viceministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Riabkov, señaló que el uso de tales sistemas ofensivos requeriría la «participación directa del personal estadounidense». Riabkov urgió a las autoridades de EE.UU. a actuar con «sensatez, prudencia y responsabilidad» y a entender la gravedad de las consecuencias.
En cuanto al control de armas, Riabkov lamentó que, a pesar de que Rusia «había extendido una mano» con una propuesta sobre el tratado New Start, la iniciativa no ha prosperado. Aunque el presidente estadounidense, Donald Trump, consideró «buena» la idea del líder ruso Vladímir Putin de mantener las restricciones del acuerdo (que finaliza en febrero de 2026) durante un año, también sugirió que Rusia podría prescindir de él.
Riabkov también lamentó la «pérdida del poderoso impulso» en las negociaciones generado tras el encuentro entre Trump y Putin en Alaska a mediados de agosto, culpando a los opositores de la paz.
Por su parte, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó el estado del diálogo diplomático con EE.UU. como «deprimente», aunque reconoció que a nivel de jefes de estado la situación es «más dinámica». El Kremlin espera que Trump mantenga la «voluntad política para impulsar la solución ucraniana hacia negociaciones políticas pacíficas». Paralelamente, Rusia anunció que impondrá restricciones de viaje a los diplomáticos de los «países hostiles» que limiten el movimiento del personal ruso, mencionando a la UE, EE.UU., Canadá y otros aliados de Washington.






