El antiobradorismo se retuerce porque la presidenta Claudia Sheinbaum no rompe «todavía» con su antecesor. La relación, en realidad, poco les importa. Lo que esperan, en el fondo, es la fractura de Morena y de la 4T. Pues mientras mantengan la unidad y no pierdan la base popular que los sustenta, más difícil le resultará a la reacción retomar el poder. Sheinbaum recordó, en Yucatán, a las oposiciones y a los grupos de presión: «Somos parte de un movimiento social. Nosotros no llegamos al Gobierno impuestos por una élite, (…) porque alguien decidió por fuera (…) quién iba a ser presidente de la república. Llegamos con el voto popular, con un movimiento que lleva (…) decenas de años luchando por la democracia, por la justicia y por el bienestar del pueblo».
La presidenta visitó las 32 capitales estatales para informar los resultados de su primer año de Gobierno. No dio gusto a los políticos de escritorio y a quienes quisieran, ya no que niegue a su predecesor, sino, al menos, que deje de citarlo para que el olvido haga su parte. «Tenemos un gran ejemplo de un hombre que recorrió el país, que se ganó el corazón del pueblo de México y que (…) en seis años transformó nuestro país».
La réplica al antiobradorismo y a la «comentocracia» rozó la ironía. «Tanto coraje le tienen quienes perdieron los privilegios o no se ven reflejados en el Gobierno, que son unos cuantos. Tanto coraje le tienen que siguen calumniando al presidente López Obrador, pero la verdad es una: nunca lo podrán calumniar porque él se quedó, no en monumentos, no en nombres de calles: se quedó en el corazón del pueblo de México, y así va a seguir siendo». El recuerdo a la herencia del PRI y el PAN no podía faltar: «Fueron 36 años de un modelo que gobernó México (…), el neoliberal, que dejó a los mexicanos en la pobreza, pronunció las desigualdades, generó una guerra en el país, promovida desde el Gobierno».
Los mexicanos tampoco pueden olvidarse «de De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, 36 años de gobernar para unos cuantos (…), solamente para quienes se sentían dueños de México», espoleó. «La transformación no es nada más un cambio de Gobierno. Ha cambiado mucho el país en estos siete años». No solo 13.5 millones de mexicanos salieron de la pobreza, «también somos el segundo país menos desigual del continente después de Canadá. Es decir, se distribuyó mejor la riqueza».
En Yucatán, donde solo el PRI y el PAN se habían alternado el poder, y ahora gobierna Morena, la presidenta dijo que la pobreza y la desigualdad disminuyeron por el aumento al salario mínimo y acciones como la desaparición del outsourcing. Ahora las empresas deben contratar directamente a los trabajadores y repartir utilidades, expresó.
Para quienes apuestan por la ruptura, Sheinbaum repitió las consignas del caudillo: «Por el bien de todos, primero los pobres», «Con el pueblo, todo; sin el pueblo, nada». Frente a las campañas de sus rivales de siempre y el denuesto de los opinólogos, el silencio de AMLO resulta atronador. Retirado de la política por edad y agotamiento después de siete campañas (tres por la gubernatura de Tabasco, una por el Gobierno de Ciudad de México y tres presidenciales) su nombre no se diluirá mientras los medios de comunicación, las columnas, las oposiciones y los poderes fácticos lo mantengan vivo. Sea para magnificar sus errores, minimizar la obra de su Gobierno o culparlo de todos los males del país.






