Crónica de una ceguera voluntaria
Hay un viejo arte en el que nuestras autoridades de tránsito y vialidad son verdaderos maestros: el arte de reaccionar después del accidente.
No importa cuántas señales de advertencia haya, ni cuántos reportes se acumulen en los escritorios: el problema sólo existe oficialmente cuando ya hay fotos, llantos y conferencias de prensa improvisadas.
En Eulalio Gutiérrez y calle Estaño frente a Patio Sendero, desde la lateral oriente, la gente se está acostumbrando a dar una vuelta en «U» prohibida, así como pasar en contrasentido del retorno de norte a sur hacia la lateral en sentido contrario, a pesar de las boyas colocadas para «disuadir» a los infractores.
La lógica parece simple:
«Si todavía no ha pasado nada grave… entonces no ha pasado nada.»