Pedro García Cuartango, en su columna «Vivir para vivir», realiza una profunda meditación sobre el paso implacable del tiempo y la sensación de que la existencia ha transcurrido en un instante.
El punto de partida de su reflexión es el reencuentro casual con la película francesa de 1967, ‘Vivir para vivir’, de Claude Lelouch. Aunque reconoce que la cinta ha envejecido y resulta anacrónica, le provoca una «invencible nostalgia» al evocar la intensidad con la que la vio en 1972.
El autor utiliza la película como un testigo de un mundo desaparecido. Lejos de la trama sobre el adulterio (protagonizada por los ya fallecidos Yves Montand y Annie Girardot), Cuartango se centra en los detalles que evidencian el cambio de época: los abrigos de pieles, las gabardinas con botones, el hábito de fumar en interiores, los periódicos formato sábana y los antiguos teléfonos. Lo que la generación actual vería como una historia «ñoña», fue una película polémica en la época del franquismo debido a la censura.
La columna se centra en la «desazón» que le produce la sensación de que las cosas y el entorno que amaba son ahora un «recuerdo lejano». Cita elementos de su vida personal en Madrid —fumar Celtas cortos, los teléfonos de fichas, los Seat 600 y las tardes en bares leyendo el ‘Informaciones’— para ilustrar una vida que percibe como más sencilla y apacible.
Finalmente, Cuartango se autoanaliza, reconociendo el sesgo retrospectivo que impulsa a creer que «todo tiempo pasado… fue mejor». Concluye que este sentimiento de abatimiento y nostalgia es universal y transgeneracional, citando a autores como Galdós y Clarín. Cierra la columna con un proverbio ruso que resume su tesis: «Añorar el pasado es correr tras el viento.»






