Rubén Amón analiza el primer año del segundo mandato de Donald Trump bajo una premisa psicológica: la política estadounidense convertida en una herramienta de reparación emocional. El autor sostiene que la gestión presidencial no responde a una estrategia ideológica convencional, sino a una represalia sistemática contra un mundo que no supo saciar la vanidad del líder.
La columna identifica tres ejes fundamentales en esta etapa:
- Arquitectura del Ego: El narcisismo se describe como la estructura central del gobierno. Amón sugiere que si se le hubiera otorgado un reconocimiento simbólico, como un Nobel de la Paz preventivo, se habrían evitado los «berrinches» institucionales actuales. Al no recibir este «juguete», Trump ha optado por vengarse de los límites y las formas.
- Degradación Institucional: El texto subraya una «pedagogía» peligrosa donde el individuo prevalece sobre la ley. En este esquema, la prensa es relegada a la categoría de enemiga, los jueces son vistos como obstáculos y la verdad se maneja como una variable prescindible.
- Geopolítica Inmobiliaria: La política exterior ha abandonado el multilateralismo en favor de una «fantasía imperial». Los conflictos y territorios se reducen a maquetas de negocio: Groenlandia como un solar en venta, Venezuela como escenario de fuerza y Gaza como una proyección inmobiliaria.
En conclusión, Amón presenta a un mandatario frustrado que, ante la falta de aplausos, utiliza el tablero global para jugar con las instituciones y la historia, sometiendo a la democracia a un trato degradante.






