El abuso de poder de los gobernadores, quienes, sin controles políticos ni de ningún tipo, impusieron a sus sucesores para cuidar sus intereses y permanecer impunes, causó indignación en los estados. No es casual que frente a los cacicazgos y la falta de voluntad y de autoridad de los presidentes Fox, Calderón y Peña Nieto para someterlos, los electores abandonaran al PRI y al PAN, y la mayoría de las gubernaturas pasaran a manos de Morena. Las encuestas para las elecciones de 2027 proyectan que la coalición Morena-PT-Partido Verde conservará la mayoría en el Congreso y al menos 15 estados. Las urnas tienen memoria.
Morena siente hoy los rigores de gobernar estados que en 2018 todavía estaban en manos del PRI, PAN y PRD. El movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador ganó ese año sus primeras cinco gubernaturas: Ciudad de México, Chiapas, Morelos, Tabasco y Veracruz. La bandera del partido guinda ondea en 27 entidades, la mayoría de las cuales renovarán Gobierno el año entrante. La avalancha morenista sacudió al país y modificó en poco tiempo su geografía política: el PRI gobierna hoy solo en Coahuila y Durango, y el PAN en Aguascalientes, Chihuahua, Guanajuato y Querétaro. En ese intervalo, Movimiento Ciudadano cobró relevancia al hacerse con las gubernaturas de Jalisco y Nuevo León, cuyas economías figuran entre las más fuertes y dinámicas de México.
Cuando López Obrador asumió el poder, en 2018, la presidencia dejó de estar subordinada a los gobernadores. Ganar con la mayor votación registrada hasta entonces le permitió a AMLO encabezar un Gobierno unificado, lo cual no sucedía desde la primera mitad del Gobierno de Ernesto Zedillo. La 4T se asienta en la fuerza y legitimidad del obradorismo. Retirado el caudillo, el movimiento lo encabeza ahora la presidenta Claudia Sheinbaum.
Al iniciar la gestión de AMLO, Morena contaba apenas con cinco gobernadores; las 27 entidades restantes estaban en manos de una oposición fragmentada y Gobiernos independientes. Sin deudas políticas ni económicas con ellos, como sí las tuvieron sus predecesores, el presidente los puso a raya desde un principio. Los mandatarios locales dejaron de influir en la asignación del presupuesto federal y el Congreso reasumió por completo esa competencia. AMLO canceló, además, fideicomisos que se manejaban más con criterios políticos que sociales. La Confederación Nacional de Gobernadores (Conago), de mayoría opositora hasta 2021, quedó atada de manos y no tuvo
más remedio que recoger velas. La Alianza Federalista volvió a la Conago después de que sus intentos de presionar a AMLO fracasaron.
La marejada llevó al poder a un elenco variopinto compuesto por activistas históricos de la izquierda, exmilitantes del PRI y el PRD y oportunistas. La mayoría de los gobernadores de Morena llegaron al cargo sin la experiencia suficiente para lidiar con los vicios, las inercias y los intereses acumulados en 90 años, lapso que comprende los periodos presidenciales de priistas y panistas. La incapacidad de algunos mandatarios de la 4T, la persistencia de los grupos de presión y la expansión de la delincuencia organizada, en particular el narcotráfico, agravaron los problemas en estados ya de por sí conflictivos.






