La administración de Donald Trump no ha dejado de buscar motivos para invadir México. El ataque que James K. Polk inventó a mediados del siglo XIX le sirvió de excusa para intervenir militarmente y anexionarse más de la mitad de nuestro territorio. Hoy, la cortina de humo es el narcotráfico, flagelo que se combate al sur del Bravo con mayor intensidad. Sin embargo, es en el norte donde se localiza el principal consumidor de drogas del planeta y de donde proceden los arsenales para las organizaciones criminales. El pretexto para enviar tropas a nuestro país, Trump no lo tendrá de los cárteles, pues ello significaría firmar su sentencia de muerte.
La justificación tampoco se la dará el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha resistido los embates y provocaciones de Washington y de sus aliados en México. Estos son la derecha, los poderes fácticos y los partidos (PRI y PAN) que gobernaron por casi nueve décadas. Precisamente son estos grupos quienes podrían prestarse al juego de las agencias de Estados Unidos para erosionar al Gobierno federal y desestabilizar al país. La incursión de agentes de la CIA en Chihuahua —en un operativo con el Gobierno local— y la Academia Internacional de Capacitación Policial en Querétaro (ambos estados panistas) podrían formar parte de ese plan.
«Los pueblos que no tienen memoria, tampoco tienen brújula», dijo la presidenta Sheinbaum el 27 de septiembre pasado en el Zócalo de Ciudad de México, luego de una gira por las 32 capitales estatales con motivo de su segundo informe de Gobierno. El discurso se centró en la independencia y en la soberanía. Los insurgentes no lucharon «para terminar convertidos en una monarquía contra la cual se habían levantado los Padres de la Patria, en 1810», dijo la mandataria.
Advirtió que otra «demanda poderosísima» de la lucha contra la corona española fue «la abolición inmediata de la esclavitud y el fin definitivo del sistema de castas que dividía a los seres humanos por su origen y color de piel». El tema de la soberanía —hoy como ayer bajo acecho— lo contextualizó con una frase de José María Morelos: «Solo el pueblo determina el destino de México. Significa, desde 1814, que ninguna potencia extranjera, ninguna élite económica o política tiene derecho de dictar el presente y el futuro de nuestra patria; esa solo le pertenece al pueblo de México».
Enseguida lanzó un dardo a los grupos que pretenden recuperar el poder —al margen de las urnas— y reconquistar los privilegios perdidos, así tengan que vender su alma al diablo. En la Independencia, la Reforma y la Revolución, que
definieron al país, «el pueblo de México dejó grabados con sangre y fuego en su memoria colectiva (…) cinco guías que hoy son nuestro faro: independencia, soberanía, libertad, igualdad (justicia social) y democracia, entendida como el Gobierno del pueblo».
El país se ha blindado para protegerse de los intereses internos y externos, y fortalecer la democracia. A partir de 2030, declaró la presidenta, «ningún cargo de elección popular tendrá reelección» y se prohibirá el nepotismo. El nuevo artículo 40 de la Constitución «rechaza cualquier intento de injerencia extranjera», y el 19 «da la pena máxima a cualquier agente extranjero que intente violar nuestro territorio». El Senado aprobó también una reforma para que en el futuro la presidencia y las gubernaturas sean ocupadas solo por quienes tengan una nacionalidad: la mexicana.






