Ernesto Zedillo gobernó sin mayoría calificada en el Congreso, pero los votos del PRI y PAN le permitieron desaparecer la Corte en el primer año de su administración y reemplazarla por 11 ministros propuestos al Senado por él. Otra decisión controvertida fue el rescate bancario que transfirió al Estado pasivos por más de medio billón de pesos. En una entrevista con Milenio, Carlos Cabal Peniche (Grupo Financiero Cremi-Unión, cuya deuda por 4 mil 500 millones de pesos pasó al Fobaproa) reveló haber contribuido con alrededor de 20 millones de dólares a las campañas presidenciales de Luis Donaldo Colosio (asesinado en marzo de 1994) y Ernesto Zedillo. También habría financiado una parte de la campaña de Roberto Madrazo para la gubernatura de Tabasco, calculada en 214 millones de pesos, 43 veces por encima del gasto legal (La Jornada, 24.04.98).
En 2021, la Fiscalía General de Justicia de Ciudad de México, cuya jefa de Gobierno era entonces Claudia Sheinbaum, consiguió una orden de aprehensión contra Cabal Peniche, su esposa Teresa Pasini y su socio Alejandro del Valle. Crédito Real los acusó por el impago de 600 millones de pesos concedidos para comprar Grupo Radiópolis. La operación se habría tramitado con documentos falsos. Un amparo dejó sin efecto la captura. Cabal llegó finalmente a un acuerdo con el acreedor, consistente en la entrega de sus acciones de Radiópolis.
Los poderes Legislativo y Judicial han apuntalado la relación del Gobierno con los poderes fácticos. Los grandes medios de comunicación han tenido incluso bancadas en el Congreso y posiciones que les permiten obtener ventajas y evadir al fisco. México dejó de tener Gobiernos unificados en 1997, cuando el PRI perdió, por primera vez, la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. La misma situación prevaleció en los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto, quienes debieron gestionar sus agendas y reformas con el PRI y el PAN, según el caso, a cambio de concesiones y negocios. Los gobernadores también sacaron provecho de la coyuntura. Acumularon poder, endeudaron a sus estados, abrieron las puertas a la delincuencia organizada y, en casos como el de Coahuila, el nepotismo rebasó todos los límites.
La alternancia PRI-PAN dio lugar a un reacomodo de fuerzas en el que todos ganaron: partidos, grupos de interés, las transnacionales y la prensa, excepto el país y el presidente. El ejecutivo federal quedó expuesto a todo tipo de presiones. Sin el control del Congreso ni de los gobernadores —cada uno respondía a su propio juego e intereses— y con su partido debilitado, cedió
incluso a chantajes. Fox ha reconocido que le faltó valor frente al sector privado para subir los salarios por encima de la inflación como lo hizo Andrés Manuel López Obrador.
Las cosas cambiaron en 2018, cuando la ciudadanía rompió la alternancia PRI-PAN y dio su voto al único partido contrario al régimen —el PRD ya se había asimilado al sistema—: Morena, entonces de reciente fundación. AMLO no solo ganó la presidencia con la votación más alta (30 millones), sino también la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y en el Senado. El tres veces candidato a la silla del águila inició el desmantelamiento del neoliberalismo en su primer año de Gobierno con reformas que pusieron en el centro de la agenda a los más pobres. Los grupos de presión jamás le perdonarán haberles cancelado privilegios, y así se lo recuerdan un día sí y otro también.






