Las recientes declaraciones del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, han generado inquietud internacional tras sugerir el uso de medidas económicas y militares para adquirir territorios como Groenlandia, el canal de Panamá e incluso integrar a Canadá como el estado 51 de la unión.
Durante una conferencia en Mar-a-Lago, Trump señaló su interés en renombrar el golfo de México como “golfo de América” y justificó estas ideas como cuestiones de seguridad nacional. Estas afirmaciones, que evocan la política expansionista estadounidense del siglo XIX, han desatado críticas de líderes y expertos en geopolítica.
Jean-Noël Barrot, ministro de Asuntos Exteriores de Francia, advirtió sobre los riesgos que estas declaraciones representan para las “fronteras soberanas” de naciones como Dinamarca, que administra Groenlandia. Por su parte, analistas como Carlos Puig destacaron que América Latina percibe un riesgo particular ante el regreso de Trump, dadas las históricas intervenciones de Estados Unidos en la región.
Aunque las intenciones de Trump podrían parecer retóricas, expertos subrayan que sus declaraciones reavivan tensiones globales en un momento marcado por conflictos en Europa y el Medio Oriente, la rivalidad entre China y Estados Unidos, y una creciente competencia por recursos estratégicos en el Ártico.
El Congreso de Coahuila seguirá de cerca los posibles impactos de estas políticas en el contexto regional, particularmente en la relación bilateral entre México y Estados Unidos.