La confianza en la tecnología y en los sistemas de seguridad tendría que servir como remedio a la negligencia, especialmente después de las tragedias ferroviarias de Adamuz y Urda en España
1. La repetición de las tragedias cuestiona las medidas de seguridad
Rubén Amón advierte que la cercanía entre los accidentes ferroviarios de Adamuz, ocurrido en enero, y el de Urda, en octubre, evidencia la necesidad de revisar cuánto se ha aprendido de estas tragedias. Aunque las causas de ambos siniestros pueden ser diferentes y las investigaciones siguen su curso, la repetición de imágenes de destrucción y muerte debilita la confianza en el sistema ferroviario español.
Para el autor, las declaraciones oficiales que prometen que estos hechos no volverán a suceder resultan insuficientes. La seguridad no puede descansar en las palabras de los responsables políticos, sino en mecanismos técnicos capaces de prevenir accidentes.
2. El fallo humano no explica por sí solo una catástrofe
Amón cuestiona que se presente el error de un trabajador como explicación definitiva del accidente de Urda. A partir de las declaraciones del ministro de Transportes, Óscar Puente, sobre una decisión equivocada después de una anomalía en la señalización, el columnista advierte que identificar a una persona como responsable puede simplificar un problema mucho más complejo.
Sin anticipar las conclusiones de la investigación, plantea que reconocer la posibilidad de un error humano no equivale a explicar todas las circunstancias que hicieron posible el desastre. Señalar a un individuo puede satisfacer temporalmente la demanda pública de respuestas, pero también puede desviar la atención de las deficiencias del sistema.
3. La tecnología debe impedir que un error termine en tragedia
El argumento central de la columna es que los sistemas ferroviarios modernos deben diseñarse considerando que las personas pueden equivocarse. La ingeniería y los dispositivos de seguridad existen precisamente para reducir los riesgos y evitar que una decisión incorrecta produzca consecuencias irreversibles.
Por ello, si se confirma que hubo una autorización indebida para la circulación de un tren, la investigación no debería detenerse en quién la concedió. También tendría que determinar por qué los mecanismos de protección no evitaron la colisión.
Para Amón, aceptar el fallo humano como respuesta final significaría renunciar a la función preventiva que justifica la existencia de la tecnología y los sistemas de seguridad.
4. El deterioro de la infraestructura afecta la confianza pública
El autor relaciona los accidentes con una pérdida de confianza en la infraestructura ferroviaria española. Más allá de las estadísticas o de las comparaciones con otros países, le preocupa que viajar en tren comience a generar temor entre los usuarios de un sistema que debería representar una conquista del progreso.
Esta percepción también tiene consecuencias para la imagen del país y para la confianza ciudadana en sus instituciones. Cuando la seguridad deja de darse por sentada, las promesas de modernización pierden credibilidad y los avances tecnológicos quedan cuestionados.
5. Las responsabilidades deben esclarecerse sin utilizar a las víctimas con fines políticos
En la parte final, Amón critica que la discusión política avance con mayor rapidez que la identificación de las víctimas y la atención a sus familias. Considera insuficiente el luto oficial si, al mismo tiempo, la tragedia se convierte en un instrumento de confrontación entre partidos.
Su propuesta es establecer una tregua política que no implique suspender las responsabilidades ni impedir que se investiguen los hechos. Por el contrario, plantea que el respeto a las víctimas exige esclarecer las causas, determinar las responsabilidades correspondientes y evitar que sus muertes queden reducidas a la equivocación de una sola persona.
Conclusión
Rubén Amón sostiene que el error humano puede formar parte de la explicación de un accidente, pero no debe convertirse en una justificación que cierre la investigación. La cuestión fundamental es determinar por qué los sistemas de seguridad no consiguieron impedir que una posible equivocación desembocara en una catástrofe.
La columna plantea así una doble exigencia: revisar la eficacia de la infraestructura y de los mecanismos de prevención, y ejercer las responsabilidades políticas sin convertir el dolor de las víctimas en un recurso partidista.
Fuente: Rubén Amón, El Confidencial, 29 de octubre de 2026. Resumen elaborado a partir del texto proporcionado, distinguiendo los argumentos del columnista de las causas de los accidentes, que deberán establecerse mediante las investigaciones correspondientes.






