Por si la actualidad nacional e internacional no contara con suficientes frentes para mantenernos en vilo, Israel lanzaba el pasado viernes un ataque de gran envergadura y consecuencias imprevisibles sobre Irán. Desde entonces, el intercambio de misiles ha sido diario entre los dos países y la lista de fallecidos civiles no deja de crecer. Donald Trump, principal socio del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, exige a Teherán una “rendición incondicional” y no descarta que Estados Unidos entre en el conflicto, lo que nos situaría directamente en otro escenario. “Podría hacerlo o podría no hacerlo. Nadie sabe lo que voy a hacer”, dijo como perfecto resumen de su política exterior.
EL PAÍS llamaba en su editorial a Contener la escalada y aseguraba que el enfrentamiento inédito entre Israel e Irán requiere una respuesta diplomática que evite un escenario aún más dramático en la región.
No parece que EE UU esté por la labor. Como explica Lluís Bassets en Ante la debilidad política, ardor guerrero, antes de que Trump regresara a la Casa Blanca, cualquier escalada se hallaba vigilada y amortiguada desde Washington. Ahora, Netanyahu tiene carta blanca para atacar a Irán.
Jesús A. Núñez Villaverde asegura en La guerra entre Israel e Irán no soluciona nada que resulta muy improbable que el ataque ordenado por Netanyahu logre sus dos objetivos: desmantelar el programa nuclear iraní y forzar la caída del régimen de los ayatolás.
Para Ángeles Espinosa, la agresión israelí alienta a quienes en Irán ven la bomba como garantía de supervivencia del régimen. Este es su análisis El ataque de Israel a Irán: una apuesta cada vez más peligrosa
Ignacio Gutiérrez de Terán pone el acento en la ofensiva de Netanyahu para redibujar el mapa de la región. Sostiene en La ruta del nuevo Oriente Próximo no pasa por Teherán que “la República Islámica, lo mismo que la Gaza actual, constituye un obstáculo para el gran proyecto soñado de una región floreciente y próspera comandada por Tel Aviv, pero más de uno se pregunta si Netanyahu, con sus continuas huidas hacia adelante, no será también uno”.
Y mientras tanto, las bombas siguen cayendo. Como explicaba el escritor israelí Etgar Keret, “estos misiles iraníes solo sirven para recordarme que, a diferencia de la guerra innecesaria y brutal que Netanyahu está empeñado en prolongar en Gaza sin ningún sentido, hay otras guerras contra enemigos reales y poderosos que constituyen una verdadera amenaza contra nuestra existencia; y en esos Estados enemigos hay millones de personas inocentes que también escuchan con miedo las explosiones junto a su casa”, relata en En la retaguardia de los bombardeos.






