Me he preguntado dónde y de quién pudo estar enterado más que otros poetas, contemporáneos suyos, acerca de los preparativos de la bomba nuclear
Un análisis de «Cero», la premonición de Pedro Salinas
El texto de Manuel J. Ramos Ortega, catedrático de Literatura Española, examina el poema «Cero» de Pedro Salinas, una obra que ha resurgido en la actualidad gracias a la película Oppenheimer. Ramos Ortega argumenta que el poema, publicado en 1944, es una asombrosa premonición de la catástrofe nuclear de Hiroshima, ocurrida casi nueve meses después.
El contexto y la inspiración de Salinas
El autor sugiere que la sensibilidad de Salinas se agudizó por varios factores:
- Lectura consciente: Salinas, siendo profesor en Norteamérica durante la Segunda Guerra Mundial, estaba al tanto de las noticias y los rumores sobre el Proyecto Manhattan y los ensayos en Los Álamos. Su condición de «lector consciente y escuchante» lo llevó a intuir el inminente peligro.
- La Guerra Civil Española: El horror de la guerra en su país natal, junto a la exhibición del Guernica de Picasso y el retrato de Federico García Lorca en París en 1937, marcó profundamente a Salinas. Esta experiencia lo alejó de su ciclo amoroso y lo llevó a una profunda crisis existencial, que se manifestó en una protesta contra la vida moderna, el maquinismo y el deterioro de los valores humanistas.
- Influencias literarias: Salinas abrió su poema con citas de Quevedo y Antonio Machado, lo que demuestra una conexión con una tradición poética española que ya había explorado la muerte y la destrucción. El «cero» se convierte en el símbolo de la Nada, un vacío absoluto que representa el fin de todo.
La visión poética del holocausto
Ramos Ortega destaca que el poema «Cero» es una representación escalofriante de los efectos de una bomba atómica, incluso antes de que sucediera. El autor del análisis resalta la precisión con la que Salinas describe la escena desde el aire, donde la Tierra se convierte en una «Geometría» sin vida y un «embuste liso de atlas». La cuarta parte del poema, en particular, es señalada como una «maestría perfecta» por Jorge Guillén, ya que acumula imágenes de terror y destrucción: escombros, muertos, cadáveres, esqueletos y el «ignorando osario».
El análisis también resalta el uso de metáforas clásicas como la del «bajel» que navega hacia un destino desconocido, un tópico recurrente en la poesía que aquí se actualiza para describir el viaje final de los muertos. La idea del azar («Ruleta son las horas y los días») también se hace presente, sugiriendo que incluso la muerte puede ser una cuestión de suerte. El poema cierra con la imagen de un perro «clamante» sin amo, un símbolo de la soledad y la desesperanza total tras la hecatombe.
¿Intuición o información privilegiada?
Manuel J. Ramos Ortega se pregunta si la premonición de Salinas fue solo una intuición o si tuvo acceso a información confidencial. Muestra la posibilidad de que Salinas haya escuchado algún rumor de colegas en universidades como Berkeley, donde el Dr. Haakon Chevalier, amigo de Oppenheimer, era profesor. Sin embargo, concluye que lo verdaderamente importante no es el origen de su conocimiento, sino cómo su sensibilidad y experiencia le permitieron anticipar el terror. Su conocimiento profundo de la literatura española, que ya había explorado temas de destrucción, y el ambiente de masacre de la Segunda Guerra Mundial lo llevaron a compartir un temor común al «holocausto final».
El texto concluye que, aunque Salinas experimentó una profunda crisis, pudo encontrar un antídoto en la escritura de su libro El contemplado durante una estancia en Puerto Rico, una isla donde finalmente se sintió en paz.






