«Todo el clima de boicot que sigue creciendo por parte del Gobierno ultraizquierdista mexicano obliga a la presidenta Díaz Ayuso a suspender la tercera parte del viaje que estaba prevista en Monterrey y volver a Madrid». La Comunidad madrileña anunció así el fin de una gira «institucional» cuyo objetivo era «intensificar las relaciones económicas y culturales entre ambos territorios». Con ese ánimo, Díaz Ayuso, del derechista Partido Popular, acusó a México de ser un «narcoestado». El «tono agresivo» de Ayuso «ha tenido acogida entre una parte de la derecha mexicana, aunque no ha generado consenso unánime y varias figuras conservadoras se han desmarcado de sus actos», publicó El País.
La «retórica populista» de quien ocupa la presidencia comunitaria por tercera vez consecutiva ha sido comparada con la de Donald Trump por el periódico Politico Europe. Medios de comunicación y analistas españoles coinciden en que la estrategia política de Ayuso es trumpista. La visita de la lideresa madrileña a México devino parodia. Vino, provocó y se fue. Dijo haber estado en «una situación de peligro extremo», acusó a la presidenta Claudia Sheinbaum de boicotear una gala en Cancún y de las protestas en Ciudad de México y Aguascalientes.
El País cubrió los eventos y no captó el clima de animadversión descrito. «Las protestas han sido más bien pequeñas y sin incidentes mayores», reportaron Elena San José y Juan Diego Quesada. La manifestación más concurrida fue la del 4 de mayo, cuando «varias decenas de representantes de las comunidades indígenas se congregaron a las puertas de la catedral de Ciudad de México para mostrar su rechazo al homenaje a (Hernán) Cortés, a quien consideran símbolo de los crímenes de lesa humanidad de la Conquista», dice la nota. Díaz Ayuso se reunió el 6 de mayo con los gobernadores de Aguascalientes, Chihuahua, Guanajuato y Querétaro en la capital hidrocálida, donde el Congreso local le entregó la Medalla Especial al Mérito Cívico.
Grupo Xcaret zanjó la versión del boicot de los Premios Platino en un comunicado. «Debido a las desafortunadas declaraciones realizadas por la representante de la Comunidad de Madrid (…) en días anteriores (…), hemos solicitado retirarle la invitación para prevenir que el evento sea utilizado como plataforma política en lugar de una celebración que busca enaltecer a la industria cinematográfica de Iberoamérica».
En la conferencia del 5 de mayo que dictó en la Universidad de la Libertad de Ciudad de México, Díaz Ayuso pidió a los estudiantes y a la comunidad
académica «dejar de comprar la versión siempre acomplejada del choque, el enfrentamiento y las supuestas conquistas para estar unos y otros divididos (…) con las gafas del pasado». Más tarde criticó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por no haberse puesto de su lado ni de pedirle moderación en sus declaraciones a Sheinbaum. La presidenta resumió en una palabra la gira de Ayuso: «fallida». Reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades es una causa perdida, dijo.
¿Quién mejor que un periodista multipremiado como Jordi Évole para reseñar el follón: «(Según la comunidad) el viaje se cancelaba por el boicot del Gobierno mexicano, aunque la oposición la acusara de tomarse unas vacaciones pagadas. Cuando viaja, Ayuso no lo hace sola. Aparte de su séquito, siempre la acompaña la polémica y la provocación, que lleva sin remedio a la crispación. Y eso que era un viaje para reforzar vínculos económicos y culturales con México». Con el Mundial en puertas, el autor de la columna Confusión vital advierte: «Hay que tener ganas de jarana cuando llegas a México y lo primero que haces es reivindicar al conquistador Hernán Cortés. Es como ir mañana al Camp Nou con la camiseta de Figo» (La Vanguardia, 09.05.26).






