En su reciente columna, Frank Bruni argumenta que, a pesar del entusiasmo mediático por figuras como Zohran Mamdani o las controversias como el caso Epstein, la verdadera clave para el futuro de Estados Unidos reside en que los demócratas recuperen el control de al menos una cámara del Congreso en las elecciones de noviembre de 2026, con un enfoque particular en la Cámara de Representantes.
Bruni descarta la relevancia de victorias locales o encuestas nacionales fluctuantes, enfatizando que la Ciudad de Nueva York no es un microcosmos de EE. UU. y que la atención debe centrarse implacablemente en los escasos distritos congresionales en disputa, quizás unos 20, donde se decidirá el destino del país. El autor subraya que la imperiosa necesidad de una mayoría demócrata en el Congreso no se debe a la fortaleza del Partido Demócrata, sino a la disposición «casi total» de los republicanos a permitir que Donald Trump actúe sin restricciones, llevando al país hacia un «despotismo, corrupción, crueldad y demencia fiscal».
El columnista advierte que la mayoría conservadora de la Corte Suprema y los intentos de Trump de neutralizar el sistema judicial y someter a universidades y empresas están eliminando los últimos «baluartes» contra su influencia. Sin un Congreso que le haga frente, los próximos años de una posible presidencia de Trump podrían ser devastadores, haciendo que los seis anteriores parezcan una «elegante fiesta en el jardín», de la cual el país podría no recuperarse.
Trump, consciente de lo que está en juego, ya está presionando a los republicanos a nivel estatal para rediseñar los distritos congresionales a su favor antes de las elecciones de mitad de mandato, una maniobra «sin precedentes» en la historia reciente. Ante esto, Bruni insta a los demócratas a ser igualmente «tenaces y creativos», contrarrestando con iniciativas en estados demócratas, aunque esto signifique sacrificar la «nobleza» en favor de la estrategia partidista.
Finalmente, Bruni resalta las diferencias con el ciclo electoral de 2018, señalando la mayor implicación de Trump en estas elecciones intermedias y la enorme recaudación de fondos de su operación política. Además, la geografía política ha cambiado, con menos distritos naturalmente competitivos para los demócratas. Esto exige una estrategia local meticulosa, priorizando asuntos vitales para cada distrito y refinando mensajes sobre asequibilidad y oportunidades económicas, reconociendo que «cada distrito es único y diferente».






