En una columna de opinión contundente, Bernardo Barranco V. aborda la figura del cardenal en retiro Norberto Rivera, tejiendo una narrativa que lo vincula con la impunidad y la ostentación en el contexto mexicano. El autor inicia su crítica revelando la reciente adquisición de dos lujosos departamentos en la Torre Mítikah por parte de Rivera, valuados en más de 20 millones de pesos. Este hecho, según Barranco, no solo contrasta con el voto de pobreza sacerdotal, sino que también subraya el «voraz e incontrolable apetito por el poder y el dinero» del cardenal, planteando la incógnita sobre el origen de estos cuantiosos recursos.
Barranco rastrea la formación de Rivera a través de la influencia de tres «mentores»: Antonio López Aviña, conocido como «López Rapiña» por sus manejos turbios de dinero; Marcial Maciel, a quien Rivera protegió a pesar de las acusaciones de pederastia y sus dudosos negocios; y el nuncio Girolamo Prigione, de quien aprendió a moverse en las altas esferas del poder político y económico.
La columna detalla una serie de controversias en la trayectoria de Rivera, desde disputas por granjas avícolas en Tehuacán hasta su llegada a la arquidiócesis primada de México, donde se hizo con el control de la Basílica de Guadalupe y sus millonarias limosnas. Se menciona la polémica venta de los derechos de autor de la imagen de la Virgen de Guadalupe y su conocida predilección por la opulencia, contrastando con las llamadas a la sencillez del Papa Francisco, quien incluso le habría lanzado indirectas sobre «clubes de intereses» e intrigas.
Finalmente, Barranco no solo señala los escándalos económicos y el encubrimiento de curas pederastas, sino que también sugiere la posible vinculación de Rivera con figuras señaladas por presunto lavado de dinero del narcotráfico, como Fernando Pyro de la O, lo que lo pondría en la mira del FBI, según insinuaciones de un reportaje de Univisión. Los departamentos de la Torre Mítikah son presentados como la «raya más para el despiadado tigre consagrado», consolidando la imagen de impunidad sagrada que el autor atribuye al cardenal.






