Pedro Aspe, uno de los tecnócratas del salinismo, declaró en 1993 que la pobreza en México era «un mito genial». Meses después, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional desinfló el triunfalismo neoliberal. En su primera declaración, el EZLN demanda «trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, justicia y paz». La ficción no era la pobreza, sino el primer mundo visto por Salinas y su corte. El periodista Édgar London escribe sobre el fin de otro mito en «Espacio 4» (779).
«El expresidente Vicente Fox, uno de los críticos más severos de Andrés Manuel López Obrador, sorprendió recientemente al reconocer que la política de incremento al salario mínimo impulsada durante el sexenio pasado fue un acierto. “Y si algo yo corrigiera de cuando fui presidente, es lo único que le voy a reconocer a López Obrador (…) fue un gran acierto forzar los salarios mínimos para arriba”, admitió durante una entrevista, promovida en redes sociales.
»Fox relató cómo, durante su Gobierno, los empresarios presionaron para evitar los incrementos: “Siempre me estaban friegue y friegue, presidente, presidente, tiene usted que detener esta carrera de los salarios y los precios, porque vamos a perder competitividad”. Dijo estar arrepentido de haber cedido. “Hoy digo ¡qué sonso fui por creerles!, porque debí de haber tomado esta decisión: va el salario mínimo para arriba y tú a ver cómo le haces, deja tu zona de confort, de tener salarios bajos para poder exportar y promueve la productividad dentro de tu empresa”.
»El exmandatario señaló incluso que, de estar hoy en el poder, “empujaría fuerte el salario mínimo para arriba”, al destacar que la medida ha fortalecido el poder adquisitivo y movilizado la economía. “Mientras, la gente sigue consumiendo, sigue comprando coches, sigue comprando en el supermercado, gracias a que la gente tiene más dinero”. Este reconocimiento inesperado —apunta London— sirve como punto de partida para evaluar la política económica de la Cuarta Transformación (4T). Durante el sexenio de López Obrador, el salario mínimo prácticamente se duplicó en términos reales, revirtiendo décadas de estancamiento.
»De 1976 a 2018 el poder adquisitivo del salario mínimo había perdido cerca del 70% de su valor; el aumento promovido desde 2019 buscó revertir esa tendencia. Según datos de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami), el incremento acumulado alcanzó niveles históricos, con alzas de dos dígitos año tras año. La presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido mantener esta ruta, bajo la lógica de que un piso salarial más alto no solo
mejora el bienestar social, sino que también dinamiza el mercado interno. (…) ha insistido en que el salario mínimo seguirá creciendo por encima de la inflación, con la meta de garantizar que ningún trabajador en México viva en condiciones de pobreza.
»El cambio de paradigma es relevante. Durante décadas, los Gobiernos justificaron la contención salarial como un mecanismo para sostener la competitividad y atraer inversión extranjera. Hoy, la narrativa oficial coloca el aumento como motor del consumo interno y medida de justicia social. Fox, al reconocer su error, ofrece una lectura retroactiva de esa política, la de haber cedido a las presiones empresariales en detrimento de los trabajadores.
»Aun así, la discusión sobre el salario mínimo no está exenta de críticas. Algunos analistas advierten que los aumentos podrían presionar a pequeñas y medianas empresas, especialmente en regiones con menor dinamismo económico. Otros señalan que la mejora salarial, aunque significativa, debe acompañarse de políticas de productividad y formalización laboral para consolidar un verdadero cambio estructural. En este contexto, el salario mínimo se ha convertido en símbolo de la 4T, una política de alto impacto político y social, respaldada incluso por voces que han destacado debido a su actitud contestataria».






