El intelectual canadiense, gran teórico de los derechos humanos, clama contra lo que está ocurriendo en Gaza. Se resiste a calificarlo de genocidio, pero afirma que Netanyahu mantiene una coalición con personas que son “criminales”. Adalid del pensamiento liberal, dice que Europa debe plantarle cara tanto a Rusia como a EE UU.
Un análisis del pensamiento liberal de Michael Ignatieff
Michael Ignatieff, historiador y teórico de los derechos humanos, ofrece en esta entrevista una reflexión sobre el estado del liberalismo y la crisis global actual. A lo largo de la conversación, Ignatieff se muestra como un liberal de la vieja guardia, defendiendo los principios fundamentales de la libertad y el Estado de derecho, pero también admitiendo los errores de su propio movimiento. Su análisis se caracteriza por una visión histórica y una cautelosa esperanza.
El autor de la entrevista, Marc Bassets, logra capturar la esencia del pensamiento de Ignatieff, quien ve el momento actual no como un resurgimiento del fascismo de los años 30, sino como una «contrarrevolución» contra el orden social e internacional post-60. Ignatieff se distancia del alarmismo, señalando las diferencias clave: nuestras sociedades son más ricas y seguras que las de aquel entonces. Sin embargo, no subestima los peligros de la desilusión con la democracia y el auge del odio alimentado por las redes sociales, un fenómeno que ha disuelto la autoridad informativa y ha dado voz a una «revolución de la desinhibición».
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista es el «mea culpa» que Ignatieff hace en nombre del liberalismo. Reconoce que la búsqueda de la igualdad llevó a la «corrección política» y a la autocensura, sacrificando la libertad de expresión. También critica el abandono de la preocupación por el control de las fronteras, un tema que, según él, llevó a que muchos votantes se sintieran desatendidos y se volcaran hacia la extrema derecha. Ignatieff, un liberal y un inmigrante, se niega a ceder estos temas a la derecha, argumentando que la solución no es el odio, sino la defensa del Estado de derecho.
La entrevista culmina con una mirada crítica y dolorosa a la situación en Gaza. Ignatieff, como amigo y biógrafo del filósofo Isaiah Berlin, aborda el conflicto con un matiz personal y moral. Se niega a calificar las acciones de Israel como genocidio, no por defenderlas, sino porque considera que el término ha sido «corrompido» y se usa para deslegitimar la existencia del Estado judío. A pesar de esto, condena enérgicamente la catástrofe humanitaria y política que está creando otra generación de terroristas. Su visión final es la de un liberal que, a pesar de todo, se mantiene optimista, creyendo que su rol es el de «recoger los desperfectos» que dejan las revoluciones y trabajar por un mundo mejor. En su opinión, Europa y Canadá tienen la capacidad de actuar y enfrentarse a las potencias globales, solo necesitan recuperar su «capacidad de acción».






