Ante las amenazas del expresidente y ahora presidente electo Donald Trump de imponer una nueva ronda de aranceles a México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha dejado claro que el país no se quedará con los brazos cruzados. «A un arancel, vendrá otro en respuesta», afirmó, pero no sin antes insinuar una venganza más verde y cremosa: los aguacates.
Con un 90% de los aguacates en Estados Unidos provenientes de México, fuentes cercanas a la presidencia aseguran que el plan es simple pero letal: interrumpir las exportaciones justo antes del Super Bowl. «Queremos ver cómo sobreviven los estadounidenses sin su guacamole en el evento deportivo más importante del año», declaró un asesor en tono jocoso.
El plan no termina ahí. Según rumores, México también consideraría una estrategia de soft power que involucra una «táctica de asfixia cultural». Se limitarían las exportaciones de tequila y cerveza, dejando a los bares estadounidenses con margaritas a base de jugo en polvo y micheladas de dudosa calidad. «Si Trump quiere una guerra comercial, ¡les daremos un Cinco de Mayo para olvidar!», comentó un funcionario entre risas.
Por su parte, economistas advierten que estas represalias podrían ser tan devastadoras como efectivas. En un giro de ironía, los agricultores estadounidenses, muchos de los cuales votaron por Trump, podrían enfrentarse no solo a la falta de mano de obra debido a las deportaciones masivas, sino también a la furia del mercado global, todo mientras los estadounidenses luchan por encontrar aguacates a menos de 20 dólares por pieza.
Mientras tanto, Sheinbaum ha reiterado que la prioridad de su gobierno es defender los intereses de México con creatividad y determinación.