Los mexicanos perciben mayores riesgos para su estabilidad laboral en los aranceles y una posible recesión económica que en el avance de la inteligencia artificial generativa, según el Barómetro de Confianza 2025 de Edelman. Un 77% de los mexicanos considera una «inminente recesión» como la principal amenaza, seguido por los conflictos comerciales (74%) y la falta de capacitación tecnológica (72%), que comparte el mismo nivel de preocupación que la llegada de competidores extranjeros.
ManpowerGroup ya había anticipado que los conflictos geopolíticos serían un desafío clave para los mercados laborales, impactando las cadenas de suministro y las inversiones. Las organizaciones no pueden depender de cadenas de suministro confiables cuando los sistemas globales de transporte y diplomacia se interrumpen.
Los factores relacionados con la globalización son los que más han crecido en las preocupaciones sobre el empleo en el último año. El temor al offshoring o la deslocalización de empresas aumentó 7 puntos porcentuales, y el miedo a los conflictos comerciales globales subió 5 puntos. A pesar de que México no fue directamente afectado por los aranceles recíprocos de Estados Unidos, sí mantiene impuestos al acero, aluminio y posiblemente al jitomate mexicano. Esto se ha reflejado en una destrucción de empleo en la industria manufacturera, con 166,292 puestos de trabajo menos en marzo de 2024 respecto al cierre del año anterior.
La confianza en los empleadores ha disminuido a nivel global, y en México, aunque el 81% confía en su empleador, esto representa una baja de tres puntos porcentuales. La brecha de confianza es notable entre los niveles de ingresos, cayendo al 52% entre quienes menos ganan. Mariana Sanz de Edelman Latinoamérica enfatiza que la confianza se recupera cuando las instituciones actúan con transparencia y escuchan a la sociedad.
Existe un «sentimiento de agravio» generalizado hacia las empresas y el gobierno (63% de los mexicanos), motivado por la percepción de que solo benefician a unos pocos, perjudican a la mayoría, y el sistema favorece a los ricos. Este sentimiento reduce la colaboración social, sin embargo, una mayor confianza en las instituciones se asocia con un menor sentimiento de agravio y un mayor optimismo.






