El fútbol posee un valor intrínseco como herramienta de cohesión social y expresión estética capaz de generar pasiones profundas en todo el mundo. El autor de la nota de opinión, Enrique Abasolo, señala que este deporte es un derecho de las comunidades; sin embargo, advierte que actualmente enfrenta los efectos de un capitalismo voraz que busca privatizar el patrimonio cultural y el tiempo de las personas.
A través de un análisis crítico, el articulista expone que la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) ha llevado la comercialización de este deporte a niveles extremos. El encarecimiento desmedido de los boletos de entrada, la implementación de tarifas dinámicas y el alto costo de los derechos de transmisión televisiva han transformado una experiencia tradicionalmente colectiva y accesible en un producto exclusivo para sectores de altos ingresos.
Abasolo compara esta mentalidad corporativa con los intentos globales de comercializar recursos básicos como el agua. Ejemplifica que las restricciones institucionales de la federación alcanzan incluso a los creadores de contenido digital, a quienes se les pretende cobrar por discutir los pormenores de los torneos, lo que limita la libertad de conversación en torno al juego.
Asimismo, el texto puntualiza que los partidos del mundial no representan de forma oficial a los Estados, sino a corporaciones adscritas a un monopolio privado. Esta élite financiera impone condiciones sobre legislaciones locales, debilitando el carácter popular que dio origen y éxito al balompié en terrenos baldíos y canchas comunitarias.
El autor concluye que es necesario recuperar la conciencia colectiva sobre el origen social del deporte. El fútbol debe mantenerse como una extensión del derecho humano a la recreación y la felicidad, despojando a los organismos privados del control absoluto sobre una tradición que pertenece legítimamente a los pueblos.






