El artículo de Ramón González Férriz, publicado al cumplirse tres años del mandato de Giorgia Meloni, destaca la estabilidad política inédita que Italia ha experimentado bajo su liderazgo, contrastando fuertemente con la turbulencia que atraviesan otros grandes gobiernos europeos.
El autor inicia señalando el «caos» y la «trituradora» en que se ha convertido la política de países como el Reino Unido, con la caída en popularidad del laborista Keir Starmer; Alemania, donde Friedrich Merz enfrenta la impaciencia empresarial ante un estancamiento económico récord; y Francia y España, con Emmanuel Macron y Pedro Sánchez, líderes que padecen un severo desgaste.
Este panorama contrasta con el caso italiano, donde los gobiernos solían durar en promedio 13 meses. La estabilidad de Meloni es aún más llamativa dada su trayectoria radical, habiéndose afiliado a un partido fascista a los 15 años y manteniendo un perfil extremista.
Sin embargo, en el poder, Meloni se ha desenvuelto como una «derechista clásica». Su gestión se caracteriza por:
- Ortodoxia Externa: De ser una crítica feroz de la Unión Europea, ha pasado a ser una colaboradora «relativamente fiel» de Ursula von der Leyen, manteniendo posiciones ortodoxas en conflictos como Ucrania.
- Responsabilidad Fiscal: El país proyecta un déficit del 3% este año, un signo de responsabilidad fiscal inusual para Italia.
- Habilidad Política Doméstica: Ha logrado mantener unida una coalición compleja con la Liga y Forza Italia.
El autor apunta que esta apariencia de ortodoxia es criticada por la izquierda italiana, que señala la dureza de sus políticas domésticas y ciertos «tics autoritarios»: ataques a jueces y periodistas, planes para reformar el sistema político otorgando más poder al primer ministro, y la «colonización» de los medios públicos. Sus planes de inmigración han sido drásticos, incluyendo el intento de externalizar la gestión con campos de detención en Albania.
A pesar de los temores iniciales de que Italia siguiera la senda de la Hungría de Orbán, Meloni ha demostrado ser una «mezcla de vieja y nueva derecha» y una política «infinitamente más hábil» de lo que se pensaba. Ejemplos de esta transformación incluyen propuestas para prohibir el nikab y el burka, y un plan para financiar bajadas de impuestos a la clase media a través de mayores impuestos a bancos y aseguradoras.
En conclusión, mientras la izquierda denuncia sus excesos, lo sorprendente es que el Gobierno de Meloni se consolida como el más estable de la Europa grande, con serias perspectivas de perdurar.






