En su columna, Victoria Mireles, defensora de los derechos humanos y fundadora de la Unidad de Masculinidades e Igualdad de Género en Monterrey, reflexiona sobre la persistente normalización de la violencia de género en México, especialmente en las comunidades pequeñas. A través de una anécdota personal sobre una mujer secuestrada por su esposo en un municipio de Nuevo León y la indiferente respuesta de la autoridad local («Así es aquí»), la autora expone una realidad en la que las mujeres no son vistas como personas con derechos, sino como propiedades.
Mireles traza una dolorosa línea de tiempo en su vida, mostrando cómo la desigualdad de género fue una constante desde su nacimiento hasta su adolescencia. Recuerda que creció con la idea de que el mayor logro para una mujer era «casarse bien», una creencia reforzada por su familia, la escuela y el propio gobierno, que incluso negaba apoyo de vivienda a las estudiantes universitarias.
Sin embargo, su vida cambia al conocer la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al asistir a su primera marcha del 8M. Estos eventos le abren los ojos y le dan una «digna rabia» que la motiva a luchar. La autora defiende la importancia de iniciativas como la distribución de cartillas con los derechos de las mujeres por parte del gobierno federal, argumentando que, para muchas, este simple acto puede ser el primer paso para reconocer que tienen derechos y que no son propiedad de nadie.
La columna de Mireles es un llamado a la acción para reconocer la urgencia de educar y sensibilizar sobre los derechos de las mujeres, especialmente en las comunidades donde el silencio y la tradición mantienen a la opresión en un estado de normalidad.






