Lenin Pérez, el eterno caudillo de la UDC, ha perfeccionado el arte de la metamorfosis política: hoy se presenta como el «viejo lobo» que custodia la democracia, tras décadas de lucrar con un discurso de izquierda que solo es radical en las formas, pues su cartera siempre ha sido profundamente conservadora.
Ya registrado y la chaqueta de guerrillero desempolvada para el proceso de 2026, el dueño del partido se dispone a cobrar una nueva factura al erario, demostrando que en Coahuila el oficio de opositor profesional es el negocio más rentable cuando se sabe saltar de sigla en sigla sin perder el estilo de luchador.






