Expertos confirman que las gafas diseñadas para bloquear la luz azul de las pantallas no cumplen con el propósito de reducir la fatiga visual ni de mejorar la calidad del sueño. Aunque la luz azul no daña la retina, sí contribuye al llamado «síndrome del informático», que genera sequedad ocular, escozor y dolores de cabeza debido al uso prolongado y poco saludable de dispositivos electrónicos.
El problema real no es la luz azul, sino los malos hábitos frente a las pantallas: largas horas de exposición, falta de parpadeo y visión constante de cerca. Las gafas con filtros para esta luz no corrigen problemas oftalmológicos y pueden dar una falsa sensación de protección, perpetuando el uso excesivo de dispositivos sin atender las causas subyacentes del malestar.