En un contexto de escalada bélica, Israel ha iniciado una ofensiva terrestre en la ciudad de Gaza, lo que ha generado una profunda preocupación por sus consecuencias humanitarias y políticas. Según el análisis de Stephanie Höppner para Deutsche Welle, este movimiento, calificado de arriesgado, conlleva probables efectos terribles para la población civil y los rehenes israelíes, a pesar de las advertencias previas.
La ofensiva ha agravado la ya crítica situación en la Franja de Gaza. Los bombardeos han afectado infraestructuras críticas, como escuelas y refugios. En un solo ataque, se reportó la muerte de 33 personas, en su mayoría niños, en una escuela. Se estima que, en abril de 2024, los daños en la infraestructura de la ciudad ya superaban los 7 mil millones de dólares. Un informe de la ONU y el Banco Mundial indica que 36,611 edificios han sido dañados, de los cuales 8,578 están completamente destruidos. La ofensiva ha provocado nuevos desplazamientos masivos, con casi 800,000 personas obligadas a huir, la mayoría de ellas en la ciudad de Gaza, que se encuentra al borde de volverse «prácticamente inhabitable».
A pesar de las pérdidas reportadas en las filas de Hamás, que se estiman en 23,000 combatientes, la organización sigue representando un desafío. Expertos militares señalan que la lucha será ardua y sangrienta, ya que Hamás ha pasado de ser una fuerza paramilitar a una guerrilla descentralizada que se beneficia del entorno urbano. La ofensiva terrestre pone en un riesgo aún mayor la vida de los rehenes israelíes, situación que ha motivado protestas masivas en Israel, donde la población exige un acuerdo para su liberación. Las encuestas del Israel Democracy Institute muestran que dos tercios de los israelíes apoyan un cese al fuego y la retirada total del ejército a cambio de la liberación de los rehenes.
Finalmente, la reacción del mundo árabe ha sido cautelosa, aunque con una crítica cada vez más dura hacia Israel. En una cumbre en Doha, líderes como el emir de Qatar y el presidente de Egipto condenaron las acciones de Israel, aunque no todos los países están dispuestos a revisar sus relaciones diplomáticas de manera drástica. Los Emiratos Árabes Unidos y Baréin, firmantes de los Acuerdos de Abraham, podrían tomar nuevas medidas si la situación continúa deteriorándose. En general, el análisis de la ofensiva revela un panorama de inmensa devastación humanitaria, un conflicto militar prolongado y un creciente debate internacional sobre las consecuencias de las acciones de Israel.






