A medida que la imagen de la presidenta Claudia Sheinbaum crece y la aceptación de su Gobierno aumenta, la figura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se diluye. El mismo fenómeno se observa en los partidos: a mayor avance de Morena y sus aliados, PT y Verde, las oposiciones se desvanecen en la bruma la intrascendencia. Sin propuestas para reconectar con los ciudadanos ni liderazgos nuevos, la vieja partidocracia, representada por el PRI y el PAN, se atrinchera en el Congreso. En vez de recorrer barrios, poblados y plazas para escuchar a la población, recoger sus demandas y mostrar al país real, no el color de rosa pintado por el discurso oficial omnipresente —como en otro tiempo fue la retórica de los Gobiernos azules y tricolores—, no hacen más que mirarse el ombligo.
Movimiento Ciudadano (MC) es la tercera fuerza política nacional y se le percibe como la opción opositora, acaso por no haberse aliado con ningún partido en las elecciones presidenciales de 2024. Sin embargo, vender sus victorias, todavía modestas, cual triunfos definitivos, alimenta expectativas frágiles y poco realistas. MC ganó 41 alcaldías en Veracruz en junio pasado, más del doble de las 18 obtenidas en 2021. En el resultado pudo haber influido la ascendencia de su fundador, Dante Delgado, exgobernador interino cuando militaba en el PRI. Morena conservó la capital (Jalapa) y en el puerto, cuya economía y población son las más grandes del estado, derrotó al frente PAN-PRI. En Durango el oficialismo retuvo la capital, pero perdió Gómez Palacio con Morena.
Los poderes fácticos porfían en su apuesta por el desgaste de la 4T, sin lograr resultados. Al contrario, el apoyo a Sheinbaum subió al 82.5% el mes pasado, ligeramente superior al de AMLO en su primer año como presidente. Caminar en círculos vuelve a los antagonistas del Gobierno al punto de partida. En el mismo sentido, la agenda de un sector de la prensa no ha dejado de girar en torno a temas como la violencia, el robo de combustible y la elección judicial. Las columnas de opinión, también repetitivas, tampoco han logrado incidir en el ánimo social a juzgar por las encuestas y las tendencias electorales.
La premisa según la cual «si le va bien al presidente, le va bien al país» era sesgada. A ningún gobernante puede irle de perlas si la mayoría pasa las de Caín, la riqueza se concentra en pocas manos y la justicia se vende al mejor postor. En el plano personal las cosas cambian. Muchos mandatarios fabricaron fortunas mientras el país se iba a pique. El estilo de Sheinbaum, como el de AMLO, aleja y disgusta a unos, pero atrae a quienes nunca habían tenido acceso al presidente. La cercanía con la gente, que el PRI y el PAN perdieron, le dio a Morena las llaves del poder.
La austeridad republicana, que la nueva clase gobernante no practica todavía, pudo haber sido un simple lema de campaña o devenido mito, pero la presidenta la observa. No ostenta lujos ni tiene avión «como el de Trump». Los viajes al exterior los realiza en vuelos comerciales. Asimismo prescindió de la parafernalia y de las grandes comitivas. Las giras estatales son por tierra y no le causan gastos ni presiones a los Gobiernos locales. Pueden parecer cosas simples, pero no pasan desapercibidas, como tampoco el hecho de que López Obrador abandonó la escena para dedicarse a escribir y esperar el juicio de la historia.






