En su columna, Ramón González Férriz disecciona la captura de Nicolás Maduro como un evento de naturaleza dual: el fin de una dictadura nefasta ejecutado a través de un método que dinamita la legalidad internacional. El autor sostiene que, aunque la desaparición del chavismo representa una de las mejores noticias posibles para el mundo debido a la sistemática destrucción de la democracia, los derechos humanos y la economía en Venezuela, la forma en que se ha producido —un bombardeo extranjero y el secuestro del mandatario— constituye el peor escenario para el futuro de la región.
El análisis identifica dos problemas fundamentales derivados de esta intervención. El primero es la inminente inestabilidad interna. González Férriz advierte sobre el vacío de poder en un país con un ejército humillado y facciones armadas leales al régimen. Señala la fragilidad de la transición, pues las figuras de oposición carecen de una estructura institucional sólida o de legitimidad electoral vigente, mientras que Estados Unidos no parece poseer un plan coherente para el «día después», sugiriendo que el bienestar del pueblo venezolano es la última prioridad de la administración de Donald Trump.
El segundo punto, de alcance global, refiere a la consolidación de una visión del mundo basada en zonas de influencia imperial. Para el columnista, este acto reafirma el «Corolario Trump», donde las potencias tienen derecho absoluto a dictar políticas y apropiarse de territorios en sus respectivos dominios. Esta lógica no solo legitima la preeminencia estadounidense en América, sino que, por extensión, otorga derechos similares a Rusia sobre Europa Oriental y a China sobre el sudeste asiático. Bajo este paradigma, el sistema internacional regresa a las dinámicas del siglo XIX, donde las naciones más pequeñas deben resignarse a las decisiones de los grandes imperios.
Finalmente, el autor reflexiona sobre las contradicciones de la coalición política de Trump, que prometió aislamiento y no intervención, y destaca la sorprendente debilidad militar de los aliados de Venezuela, como Rusia e Irán, quienes se han mostrado incapaces de responder a la demostración de fuerza estadounidense. González Férriz concluye que, si bien la caída de la «mafia» chavista es celebrable, el costo será una transición violenta y el entierro definitivo del orden legal internacional, sustituyéndolo por un mundo donde la fuerza bruta de las potencias es la única ley vigente.






