El columnista Juan Manuel López Zafra analiza la redefinición de las métricas de poder en la era de la inteligencia artificial, argumentando que la influencia global ya no se mide principalmente en recursos tradicionales como el petróleo, sino en la triada estratégica de Centros de Datos, Chips y Energía. El autor contextualiza esta transformación con el espectacular rendimiento de Nvidia, cuyo fundador, Jensen Huang, disipó las dudas sobre la burbuja de la IA con un aumento de ventas del 62 por ciento, consolidando a la empresa como la primera en alcanzar un valor de cinco billones de dólares y la controladora del 80 por ciento de los chips sobre los que se entrena la inteligencia artificial.
López Zafra destaca la paradoja del dato: es cada vez más abundante (se espera pasar de 59 zettabytes de información hace diez años a 180 este año, y 390 en 2030), pero a su vez, cada vez más caro de procesar. Entrenar modelos avanzados como ChatGPT 4 ya costó cien millones de dólares, una cifra que palidece ante la inversión necesaria para la versión 5.
- Centros de Datos: Son el «cerebro» de la IA y la clave oculta del funcionamiento de la economía digital. La explosión de la Internet de las cosas impulsa el tráfico de datos, pero es el procesamiento que logran la ciencia de datos y las redes neuronales lo que les otorga valor. Un solo centro de datos de última generación puede costar hasta 50.000 millones de dólares, gran parte destinados a chips.
- Chips: Son las «arterias» de la IA, dominadas por Nvidia, que diseña los modelos más avanzados (Hopper, Blackwell, Rubin). La fragilidad geopolítica del modelo radica en que Nvidia depende casi totalmente de TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company) para su fabricación. TSMC sintetiza en sus obleas de silicio la innovación de la IA, siendo esta tecnología irreplicable en otro lugar del mundo en el corto plazo. La prohibición de exportar chips de Nvidia a China, impuesta por Estados Unidos, no solo aumenta el apetito del gigante asiático, sino que también eleva el coste de las obleas, cuyo precio se ha triplicado en pocos años.
- Energía: Es la «sangre» de la IA. La demanda energética de los centros de datos crece exponencialmente, mientras que la oferta lo hace de forma lineal. Aunque la energía de respaldo (grupos electrógenos) garantiza la continuidad de las transacciones financieras, se proyecta que para 2030 la demanda excederá la oferta entre 120 y 180 gigavatios. China, al no imponerse las mismas regulaciones que Europa o EE. UU., tendrá en 2030 una capacidad ociosa de 400 GW, lo que le permitirá un acceso a energía abundante y barata.
El autor concluye que la lucha por la energía y la capacidad de computación es lo que redefine la geopolítica actual. El dato, sin procesar, es ruido; su valor se da en el «refinado» que lo convierte en conocimiento decisivo, accesible solo bajo las reglas de la escasez estratégica.






