Ramón González Férriz analiza cómo la propuesta de paz para Ucrania, impulsada por el equipo negociador estadounidense liderado por el Secretario de Estado Marco Rubio, ha sido desvirtuada por el caótico manejo de Donald Trump, convirtiendo una negociación trágica en un «circo».
El autor señala que la propuesta inicial, presentada como la posición de Estados Unidos, era en realidad una lista de las reivindicaciones de Rusia, posiblemente redactada por el Kremlin. Dicho documento establecía un ultimátum inaceptable para Ucrania: renunciar a territorios bajo su control, reducir drásticamente su ejército (de 900,000 a 600,000 efectivos), y renunciar a su integración en la OTAN sin recibir garantías de seguridad de Occidente. A cambio, Rusia obtendría la reintegración en la economía mundial, el levantamiento de sanciones y el retorno al G8.
González Férriz critica un punto «asombroso» del documento que proponía poner 100,000 millones de euros de activos rusos congelados a disposición de Estados Unidos, que invertiría en Ucrania y luego recibiría el 50% de las ganancias, calificando la propuesta de «abiertamente grotesca» y un insulto para los ucranianos que defienden su soberanía.
El autor describe la estrategia de Trump como una especialidad en generar incertidumbre y caos para obtener una posición ventajosa, pero subraya que, en este caso, se convirtió en un «insensible circo». En medio de las reuniones, Trump publicó un mensaje acusando a Ucrania de ingratitud y parece ignorar el historial de incumplimiento de compromisos por parte de Rusia.
La columna enfatiza la debilidad de los socios europeos, que, a pesar de sus reservas, se ven obligados a seguir el liderazgo de Estados Unidos. Ucrania, enfrentando un escándalo de corrupción y falta de soldados, también está condenada a seguir la guía estadounidense, esperando lograr avances en las negociaciones. Estos avances, propuestos por el lado europeo, buscan que Ucrania mantenga el territorio oriental que controla, obtenga garantías de seguridad de Occidente y cuente con un ejército más grande.
González Férriz concluye que, si bien Trump genuinamente desea el fin de la guerra, su método —que pasó de amenazar a Rusia con misiles Tomahawk a plantear un ultimátum a Ucrania— es inestable. El autor insiste en que Ucrania y Europa deben seguir negociando para obtener reivindicaciones básicas, aunque el final de una guerra requiera «dolorosas cesiones», pero que el proceso no debe estar gobernado por los cambios de humor de Trump.






