En su columna de opinión del 13 de diciembre de 2025, la analista Ana Francisca Vega aborda la dificultad de comprender y justificar la postura de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, frente al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, a pesar de la abrumadora evidencia de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
La autora señala que, durante años, organizaciones de la sociedad civil, organismos internacionales y periodistas independientes han documentado cómo el régimen chavista, y luego el madurista, eliminaron los contrapesos democráticos, cooptaron al poder judicial, controlaron los medios de comunicación y desmantelaron las instituciones garantes de la democracia en Venezuela. Esta situación ha provocado el éxodo de más de ocho millones de venezolanos, muchos de los cuales han buscado refugio en México.
Vega destaca el contraste entre el silencio de Sheinbaum y las condenas explícitas emitidas por otros líderes progresistas de la región. Menciona al presidente chileno, Gabriel Boric, quien ha calificado al régimen de Maduro como una dictadura que «falsea elecciones, reprime al que piensa distinto y es indiferente ante el exilio más grande del mundo.» También recuerda que el gobierno de izquierda de Colombia no reconoció los resultados fraudulentos de la última elección venezolana y que el líder izquierdista brasileño, Lula da Silva, exigió la publicación de las actas electorales. Frente a este coro de condena, incluso dentro de la izquierda regional, Sheinbaum ha optado por el silencio, escudándose en una política exterior que la columnista califica de acomodaticia.
La analista critica que la presidenta mexicana haya dejado pasar la oportunidad de asumir una postura crítica, incluso ante la reciente y «sorpresiva salida» de la opositora María Corina Machado. Vega sugiere que si Sheinbaum desconfía de las organizaciones civiles y de las instituciones multilaterales que han documentado las violaciones, al menos debería reunirse y escuchar los testimonios de los miles de venezolanos exiliados en México, lo cual «reduciría a nada el margen para la tibieza.»
Finalmente, la autora plantea la pregunta central de su columna: si Sheinbaum no confía en la documentación rigurosa del caso venezolano, ¿con qué lente está mirando la realidad del país y qué interés hay detrás de su silencio?






